Política

Fuego y castañas

junio 22, 2019

Pasarán algunos años antes que los gobernados mexicanos nos enteremos del tamaño de los daños estructurales que la era de los gobiernos neoliberales causaron al país.

La frontera sur es un pálido ejemplo que sugiere problemas mucho mayores. Durante años, el flujo de migrantes centroamericanos fue más o menos constante con algunas tendencias hacia el alza, la repatriación de Mara Salvatruchas desde California dio al traste con la interesante por exitosa democratización y rediseño institucional de El Salvador. Los maras fueron una de las variables que arruinaron el proceso salvadoreño que, en su momento, fue referencial por exitoso en los años 90, después de una guerra civil de 11 años.

El régimen anterior simulaba pálidamente contener el flujo migratorio sólo con el propósito de encarecer las cuotas y ofrecer una oportunidad de negocio esclavista a las bandas del crimen organizado, organizadas piramidal y corporativamente.

La porosidad de las fronteras con Guatemala y Belice es proverbial desde siempre, más durante los años del conflicto armado, tráfico humano y de bienes, incluyendo drogas y precursores para su fabricación.

Se denuncia el contrabando de ganado en proporciones mayúsculas, lo que implica jugar de forma constante ruleta rusa en materia fitosanitaria. Y económica, desde luego.

No es la primera vez que un gobierno progresista debe arreglar los desperfectos dejados por un gobierno conservador neoliberal, es la historia de las alternancias europeas. Italia y España son referenciales.