Política

Veracruz y el asunto migrante

junio 21, 2019

Junto con los estados fronterizos al norte y sur del país, para Veracruz, la cuestión migrante pudiera convertirse en otro más de los graves problemas que aquejan a la entidad tras años de gobiernos corruptos y simuladores, que hicieron de la impunidad una forma de ejercer el gobierno con las lamentables consecuencias que ahora enfrentan grandes grupos de la población.

Si bien existe una estrategia nacional con asignaciones presupuestales para paliar cuando menos las ingentes necesidades de miles de personas que huyen de la pobreza y la inseguridad, lo cierto es que las rutas de acceso de las mareas migratorias pasan necesariamente por el territorio estatal y ello significa para la administración local una necesaria distracción de recursos humanos y económicos para atender la emergencia.

Al cerrarse las oportunidades para ingresar a los Estados Unidos, los cientos de centroamericanos que no puedan llegar al sueño americano harán de estas tierras, cuando menos, un punto de reaprovisionamiento o sitio de toma decisiones; en ese lapso –ya sucede en Coatzacoalcos y Acayucan– habrá que proveerles alimentación, hospedaje y atención médica.

Pero no es nueva la experiencia con la migración. Por el suelo veracruzano han pasado –algunas se han quedado a radicar– distintas corrientes migratorias. Campesinos italianos y franceses llegaron a inicios del siglo pasado y el puerto de Veracruz fue la puerta de acceso a la llegada de la inmigración española exiliada por el franquismo. Hay descendientes sirio-libaneses y algunos pocos alemanes.

Empero, la magnitud de lo que sucede ahora es totalmente desproporcionada. Se ha sostenido que probablemente esta sea alguna de las primeras movilizaciones humanas provocadas por el cambio climático, independientemente por supuesto del florecimiento delincuencial y la depredación de las clases capitalistas regionales. Sus consecuencias para las naciones centroamericanas y los estados mexicanos cercanos a esa zona continental aún son un enigma, pero desde ahora se puede afirmar que podrían modificar el estado actual de las cosas.

Todo ello lleva a plantear un escenario inédito en el que también pudiera aflorar el pequeño mexicano racista y xenófobo que al parecer todos llevamos dentro. De aquella solidaridad con las primeras caravanas de hondureños, apapachada a su paso por el suelo nacional con ropa, comida y muestras de afecto y compasión, está quedando atrás. Mientras su presencia fuera temporal y sólo de paso, los centroamericanos eran vistos hasta con simpatía. Pero cuando el gobierno estadunidense decidió cerrarles el acceso, las cosas cambiaron. Menudearon las agresiones, el rechazo y las acusaciones, verdaderas o falsas, de que violadores, asaltantes y delincuentes cometían toda clase de delitos contra la población mexicana, la situación cambió radicalmente.

Veracruz tiene ante sí el reto doble: sin dejar de atender las necesidades de la población, habrá que instrumentar políticas públicas que ayuden a contener temporalmente la crisis migratoria, en tanto no se le encuentre una solución definitiva.