Política

Migración, problema, Estados Unidos

junio 18, 2019

Las presiones exacerbadas que recibe México provenientes de Estados Unidos forzaron al gobierno a instrumentar acciones que pueden parecer improvisadas, pero que debieron haberse hecho desde hace años. El control de la frontera sur, por ejemplo, una línea extraordinariamente permeable que es casi imposible sellar. Lo más que podrá hacerse es regular y documentar el ingreso de personas en tránsito.

En unos días el gobierno de la República habrá de reunirse en territorio mexicano con el presidente salvadoreño Nayib Bukele.

Hacia mediados de marzo pasado se reunieron en palacio nacional ambos presidentes. El tema y propósito de la visita de Bukele a la sede del gobierno nacional mexicano fue apoyar el plan del gobierno mexicano para reducir la migración. Es un plan de desarrollo regional que incluye a todos los países centroamericanos y el mexicano.

El Salvador es un ejemplo dramático de la lucha de una sociedad por liberarse de las injusticias de un orden económico y social que concentra la riqueza en muy pocos y socializa con reprobable generosidad la pobreza.

En los años 90, al término de la guerra, sociedad y gobierno salvadoreños lograron configurar un sistema político democrático especialmente interesante. Desde el inicio de los acuerdos legitimadores de paz, la configuración institucional resultó especialmente interesante, lo hicieron con el acompañamiento de la ONU y la OEA. Poco tiempo después, el gobierno norteamericano en el contexto de la aproximación militar de la guerra contra las drogas empezó a expulsar salvadoreños pertenecientes a la MS-13. La Mara Salvatrucha es una organización criminal que empezó como pandilla en California, pero que hace años es una organización criminal importante en el tráfico de drogas, armas y seres humanos. Su inicio está en los Estados Unidos con los soldados contrainsurgentes que se refugiaron en ese país, luego del triunfo del Farabundo Martí de Liberación Nacional.

El origen de la violencia patológica y de la miseria en El Salvador y otras partes del mundo es el modelo económico y la fuerza estadunidense para imponerlo. La solución a la migración masiva por empobrecimiento es la creación de fuentes de trabajo, generación de riqueza y su distribución. Implica desde luego un gran esfuerzo pero no hay alternativa, de otro modo, podrá ralentizarse un tiempo la migración masiva, pero sólo por un tiempo, y volverá a explotar con fuerza cada vez más incontrolable. La verdadera solución no está tanto en el control y disuasión de la movilidad humana, sino en garantizar condiciones de vida dignas y sustentables para los empobrecidos. Es previsible que en los años por venir se intensifique la polémica al respecto, pero la solución desde ahora es clara y no pasa por impedir por la fuerza los movimientos poblacionales, sino en crear las condiciones materiales que la hagan innecesaria. Una opción, no un escape a la miseria.