Política

Mujeres, el imperativo de la igualdad

junio 12, 2019

El ayuntamiento de la capital del estado ha emitido un reglamento para la igualdad de mujeres y hombres. En un estado donde la misoginia es letal, donde en el primer semestre del año fueron asesinadas 227 mujeres, donde sólo el pasado fin de semana fueron muertas nueve y que en síntesis, enfilados hacia el cierre del primer semestre del año, es de esperarse que la cifra de muertes pueda duplicarse, el ayuntamiento de la capital del estado ha emitido el reglamento para el Sistema Municipal para la Igualdad entre Hombres y Mujeres y a una Vida Libre de Violencia. No poca cosa por el contexto inercial que arrastramos donde la misoginia es claramente letal.

Es una medida administrativa, sí, pero que pone en blanco y negro las reglas de convivencia y reeducación que los ciudadanos deben integrar cabalmente en sus vidas. Reeducación que implica desmontar la inercia y los reflejos sociales que desvaloran a las mujeres y las colocan en condiciones extremadamente vulnerables. Es un mecanismo interinstitucional que, necesariamente implicará reconfigurar la institucionalidad vigente a fin de no quedarse en los meros intercambios formales y actuar de forma convergente en un aspecto del comportamiento social veracruzano que nos desvela como una sociedad profundamente traumatizada por la violencia y por la cultura que se ha tejido alrededor de ella.

Los principios de igualdad suelen, aunque no siempre, implicar el principio de justicia. Y es el caso. Simplemente no puede ignorarse la persistencia tenaz de enormes desigualdades y discriminaciones contra las mujeres. Después de muchos años de discusión y concienciación respecto al imperativo de la igualdad entre hombres y mujeres, la predominancia de lo masculino en las estructuras de poder no se ha modificado de manera sustancial. La distinciones de genero subsisten y están profundamente arraigadas en la sociedad del estado y esto magnifica también las diferencias de clase, de etnia y generacionales.

La especie humana enfila con alegría e inconciencia versallescas hacia la catástrofe. Casi se antoja providencial que la humanidad armada bajo la regla masculina haya llegado hasta aquí. Si alguna esperanza hay, ésta descansa primordialmente en sus mujeres.