Política

Fantoches

junio 09, 2019

Pasado el sobresalto de las amenazas del gobierno de Estados Unidos sobre el incremento de las tarifas arancelarias a los producto nacionales a partir de mañana si nuestro gobierno no se comprometía a detener en territorio mexicano o al flujo de migrantes centroamericanos hacia el norte, parte significativa de la prensa nacional y de la discusión en redes sociales presenta la postura mexicana como una que ha cedido frente a la fuerza estadounidense.

Tal impresión sólo tiene visos de verosimilitud, pero en realidad es bastante imprecisa. En realidad no es una victoria del gobierno de Donald Trump. Al contrario. El movimiento de amenaza tarifaria ha tenido muy grandes costos para el presidente norteamericano. Buena parte del Partido Republicano se manifestó abiertamente contraria a la amenaza por el tremendo impacto que esto tendría en la propia economía estadounidense. Gravar a las exportaciones mexicanas de la forma propuesta traería enormes impactos en los consumidores que terminarían pagando todos los costos de transacción sin filtros.

Parte de la prensa nacional mexicana, no pocos analistas y varios notables de los partidos de oposición, presentan los hechos en la versión de que el gobierno mexicano cedió frente al norteamericano. Es discutible pero, además, es irrelevante. Atemperar los ánimos y reducir o en su caso esquivar los costos punitivos es la principal tarea del gobierno mexicano. Cosa que evitó entrar de lleno en la confrontación comercial en momentos en que la economía nacional es frágil luego de las condiciones calamitosas en la que el sistema de complicidades la dejaron.

La diplomacia del Twitter del ciudadano Trump tuvo en este caso un propósito de diversión, no tanto de reforzamiento del interés estadunidense. Distraer el objetivo y los contenidos importantes de la discusión. Esto es, las derivaciones del informe Mueller y la confrontación cada vez más ríspida con la vocera de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi. En la medida que se acercan las primarias el ambiente electoral norteamericano se complejiza por la inusual profusión de candidatos de ambos partidos.

En la mayor parte de los estados gobernados por republicanos –buena parte del medio oeste norteamericano y casi todos los estados fronterizos con México–, casi todos buscan la reelección. Las cosas se complican porque la petición de impeachment parece cada vez más cerca y el enfrentamiento con la vocera de los representantes es cada vez más estridente. Muchos demócratas quieren ya el impeachment y los propios republicanos tienen dificultades para procesar las ocurrencias presidenciales. Es a eso lo que obedecen las amenazas y balandronadas contra México. Y lo logró. Mediáticamente lo logró.

De esta perspectiva, el manejo de la crisis por parte del gobierno mexicano es alentadora. Hace muchos años que el país no hacía diplomacia de buen nivel.

La solución no pasa por las tarifas sino por incidir en la construcción de economías generadoras de empleo e ingresos para los habitantes de los países expulsores de la zona. Incluyendo a México. Llevará tiempo y la configuración gubernamental gringa por lo pronto no ayuda. Pero a Trump, todo lo sugiere, le llega ya el fuego a los aparejos.