Política

Desahucios

junio 03, 2019

Las sociedades complejas no son uniformes, son ideológica y étnicamente plurales. Las organizaciones políticas que actúan en esas sociedades también lo son; puede haber algún interés o agenda compartida que da unidad a tal o cual organización, puede haber incluso intentos de uniformidad de opinión y disciplina en esas organizaciones pero siguen siendo básicamente plurales por la simple razón de que son formadas por acuerdo entre individuos singulares.

Esto viene a cuento porque en estos tiempos de aprensiones y miedos conservadores, las estupideces –o imprudencias, si se lo prefiere– de algún miembro medianamente destacado de una organización suele ser utilizado por los opositores como la regla característica que define una organización. Es el caso deplorable del diputado local poblano por Morena, Héctor Alonso Granados, quien en un desplante de misoginia casi traumática, dijo al referirse a las mujeres y su lucha por la legalización del aborto que "hay que pensar antes de abrir las piernas". Los opositores al actual gobierno federal aprovecharon para tratar de presentar la estupidez como si fuera la regla general o la ideología en Morena. Nada fuera de lo normal, al fin y al cabo es de esperarse que durante los próximos años el asedio propagandístico continúe. El diputado fue expulsado del partido de forma fulminante. A sus rencores y traumas misóginos sumará ahora a la organización que lo largó. Es previsible que la tónica de asecho y provocación continuará.

Recursos para ello sobran. Recién el fin de semana sucedió en Coatepec durante la visita del presidente López Obrador. Los líderes locales de la organización clientelar Antorcha Campesina se apersonaron en la reunión pública que sostenía el Presidente con productores cafetaleros y volvieron a hacerlo ayer domingo, en Yanga.

El propósito es dar la impresión de que el Presidente pierde base popular, acción que de modo natural se suma al engranaje propagandístico de la fauna burocrática empresarial conservadora que saqueó al país durante casi cuatro décadas, dejándolo a la vera de la quiebra. Igual a como dejaron a Veracruz.

El problema son los intereses de los líderes de Antorcha Campesina, de filiación priísta por conveniencia, porque fue precisamente el PRI la organización política sustentada en el corporativismo y las relaciones clientelares que les dio cobijo y cooptó en sus principios, allá por mediados de los 70. Están molestos porque el gobierno ha decidido ministrar los apoyos directamente a quienes lo necesitan sin intermediarios. Lo que supone, en el mejor de los casos, una disminución vital sustantiva del poder de gestión y convocatoria de tal organización. De ahí su disgusto.

No parece probable que el gobierno actual tenga la mínima intención de entrar en connivencia con ese tipo de relación entre el Estado y la sociedad. Al contrario. Luego, es de esperarse que los liderazgos locales y nacionales de Antorcha Campesina sigan apelando a sus métodos habituales de presión, toma de calles y edificios públicos.

Los gobiernos estatal y local tendrán que afinar rápido sus reflejos frente al ingreso hormiga a los actos públicos y el resto de sutilezas de ese tipo a los que apela ésta y otras organizaciones clientelares. Por lo pronto, quienes pertenecen a la base de tales organizaciones tienen una relación asegurada en el nivel individual con el gobierno. Cosa que también es motivo de inquietud para los líderes de esas organizaciones.