Política

Cocodrilos lacrimosos

mayo 31, 2019

Hace casi 20 días que la Iglesia Católica publicó el documento Vosotros sois la luz del mundo, en el que el papa Francisco precisa las normas de la Iglesia respecto a los clérigos autores de agresiones sexuales o encubridores de tales actos. Es el derivado de la cumbre en Roma que, desde finales de febrero, estableció nuevos procedimientos a nivel universal para prevenir y combatir los casos de acoso y violencia, estos crímenes que traicionan la confianza de los fieles.

Introduce especialmente la obligación, para los clérigos y religiosos de señalar los abusos y establece el procedimiento a seguir cuando la acusación concierne a un obispo. El vaticano alude a acciones concretas y eficaces contra el abuso sexual. Dice el Papa que se necesita una continua y profunda conversión de los corazones, acompañada de acciones concretas y eficaces que involucren a todos en la Iglesia.

Muy bien, enhorabuena por la decisión vaticana de aceptar que se han cometido crímenes y su disposición a enmendar los reflejos institucionales que instruyen a proteger a toda costa a la Santa Madre Iglesia. Instruye el papa a crear un sistema en cada diócesis para presentar los informes sobre los reportes de abuso infantil clerical: todas las diócesis del mundo deben dotarse de aquí a junio de 2020 de uno o más sistemas estables y fácilmente accesibles al público para presentar los informes.

Es un adelanto, pero de dudosos efectos porque ni alude ni desmonta el engranaje institucional del clero para ocultar, desviar los casos de abusos y presionar a los denunciantes. Engranaje funcional y hoy día completamente operativo de ocultamiento y desvío obligado de la atención al crimen por parte de la institución, contenido en el documento Crimen Sollicitationis que existe y está en funcionamiento desde 1962, año en el que coincidentemente inicia también la inflexión del Concilio Vaticano Segundo, y que el papa Juan Pablo II dedicaría su reinado a desmontar.

Cuando la Iglesia Católica reconozca que durante más de 60 años se rigió por un protocolo que explícitamente ordenaba a los clérigos a mentir, presionar, amenazar a los denunciantes –niños o adolescentes– para no alterar su buen nombre, habrá señales para creer en su arrepentimiento institucional. Mientras no lo haga explícitamente y publique los contenidos del documento de referencia, nada de lo que diga tendrá credibilidad.