Política

Escoria

mayo 22, 2019

En un contexto definido por el imperativo nacional de serenar y apaciguar al país luego 12 años de violencia morbosa generosa en hechos macabros, se realizó la primera sesión ordinaria para la zona sureste de la Conferencia Nacional de Procuración de Justicia que incluye a los estados de Campeche, Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Quintana Roo, Tabasco, Veracruz y Yucatán. Bañada por dos mares y atravesada por instalaciones e industrias estratégicas críticas, carreteras, hidroeléctricas de gran calado y con un constante flujo de expulsados centroamericanos en búsqueda de mejor vida, además de del trasiego de drogas. Todo ello que implica un amplio abanico de aspectos que tienen serias connotaciones, implicaciones y consecuencias desde la óptica de la seguridad nacional. La idea básica de la reunión de procuradores es la coordinación institucional, de acciones e intercambio de información para una mejor desempeño y fortalecimiento institucionales.

De nueve procuradores estatales que debieron haber asistido, llegaron los de Oaxaca, Quintana Roo, Yucatán y Tlaxcala. Faltaron Puebla, Tabasco, Campeche, Chiapas y Guerrero. Faltaron cinco, más la ausencia adicional del titular de la Fiscalía General de la República.

El evento pues, no pasó de ser una mera formalidad con pretensiones pero intrascendente, excepto por el hecho en absoluto menor de la exhibición del aislamiento del fiscal veracruzano que de facto es desconocido por la mayoría de sus homólogos, incluyendo a la Fiscalía General de la República a cargo de Gertz Manero.

El desaire tiene implicaciones serias, la claridosa reprobación de Jorge Winckler Ortiz como personero faccioso de un grupo de personas e intereses incapaces de aceptar la pérdida del poder. La ausencia del fiscal General y de más de la mitad de los procuradores estatales convocados no deja duda de la obtusa disfuncionalidad de Winckler Ortiz. Disfuncionalidad que pone en riesgo la paz y en realidad propicia la perpetuación de la violencia.

Winckler fue descalificado y tachado sin que se aprecie posibilidad alguna de punto de retorno. No así el de su anquilosamiento en el puesto y su disfuncionalidad no solo a nivel estatal, sino con sus homólogos, lo que perpetua la indefensión y vulnerabilidad crónica de a los veracruzanos.

Doce años de pesadillas macabras con pilón de consolación para un ex gobernador incapaz integral de procesar las diferencias. Sobrantes de un régimen rapaz empecinado en estorbar la imprescindible sanación del país. Los pagadores, como siempre, son los gobernados.