Política

Winckler, su auto defensa

mayo 15, 2019

Ayer, este espacio editorial reflexionaba sobre los dichos del secretario de gobierno Éric Cisneros al abundar sobre los posicionamientos de la sociedad frente al diferendo existente entre el Gobierno del Estado y el fiscal General Jorge Winckler. Una disputa sin atenuantes, cosa natural dada la naturaleza bastarda de su arribo al puesto. Especialmente por la ineficacia paralizante del joven abogado y su completa falta de empatía con la sociedad, cotidianamente confirmada por las denuncias y quejas de la sociedad civil que ha tenido que tratar con él.

Independientemente de lo que se pudiera observar de ciertas particularidades de lo dicho por Éric Cisneros en alusión a los periodistas que defienden las causas contrarias al gobierno, Jorge Winckler decide responder al gobierno diciendo que éste no atiende ninguna otra tarea de gobierno que no sea la de removerlo de la Fiscalía General.

Dice el fiscal que no ha recibido una sola denuncia, un solo comentario que tenga que ver con el exgobernador Duarte y sus cómplices. Es posible que el fiscal tenga un problema de retención o desmemoria precoz. Su desempeño en la Fiscalía es impresentable.

Desde que inició la farsa de la persecución de la cleptocracia duartista que encarceló o extorsionó para no hacerlo al gabinete del pantagruélico ex gobernador, se expusieron las evidencias y circunstancias que hacían procesar con escepticismo la llamada justicia yunista. Esto, precisamente por la grotesca polarización artificial instrumentada por Miguel Ángel Yunes respecto al encarcelamiento de la cleptocracia. Salvo Javier Duarte, que fue condenado a pírrica condena de tres años, todos los acusados y detenidos por el pequeño Winckler están hoy en libertad. Bien visto, al buen fiscal le va bastante bien aquella de "los muertos que vos matáis, gozan hoy de cabal salud".

Que nadie aluda al hecho haberlos detenido es algo que debiera agradecer e intentar olvidar el procurador Winckler. Hoy, están todos en libertad y ello obedece a que el fiscal hizo unas investigaciones lo suficientemente inconsistentes como para que no hubiera elementos probatorios para condenarlos. Responsabilidad exclusiva del fiscal.

Pasó lo mismo con Javier Duarte, ninguna de las causas por las que se solicitó su extradición era grave. Por eso, pese a los muertos, pese a la rapiña descarnada y las docenas de periodistas asesinados fue condenado sólo a tres años.

Para muchos, tal cantidad de reveses jurídicos es sospechosa. No son pocos los que barruntan dosis importantes de deliberada torpeza en la integración de las investigaciones.

Si como dice el fiscal con generosas dosis de auto referencialidad, estorba porque su presencia entorpece el buen flujo de complicidades entre Duarte y el gobierno, tendría que explicar primero por qué diversos jueces liberaron a todos los detenidos por falta de pruebas o mala integración de la investigación. El fiscal estorba, pero no por las razones que dice, sino porque su incompetencia tiene consecuencias estructurales en el proceso de saneamiento del desgarriate institucional dejado por los gobiernos anteriores.