Política

Otra realidad

mayo 14, 2019

Una perspectiva distinta para aproximarse a los efectos de la alternancia política en Veracruz es la de observar el comportamiento y los discursos de la burocracia. Desde los exabruptos virulentos e iracundos de Miguel Ángel Yunes Linares emitidos al momento de perseguir, amenazar y coaccionar a sus adversarios, a la reacción de grupos desplazados políticamente, pasando por las catilinarias del secretario de Gobierno, Éric Cisneros Burgos en contra de su villano favorito, el impúdico Jorge Winckler Ortiz, en el trasfondo se alcanza a percibir que la entidad se encuentra en la alborada de una nueva época en la que las reglas del juego político y las relaciones de poder obedecen a otras formas aún en proceso de construcción.

En esa inédita escenografía, invariablemente, se encuentran los medios de información, más allá de la naturaleza de éstos pues se pretende hallar novedosas explicaciones a su influencia, a la necesidad o no de su permanencia tras la llegada de las benditas redes y la avalancha de portales y sitios web de noticias. Aunque es un largo camino por transitar para entender a cabalidad la realidad en ciernes, lo cierto es que en el fondo de lo anterior se topa uno con una realidad indiscutible: no se puede prescindir de la labor de los reporteros ni de la prensa formal para allegarle a la sociedad elementos para que ésta tome sus decisiones y en conjunto, contribuya a la edificación de la democracia a la veracruzana.

Lo anterior viene a cuento por dos sucesos muy de la mano acaecidos ayer. La posición del secretario de Gobierno, Éric Cisneros Burgos, quien advirtió que "hay una sospecha fundada" de que el fiscal general del Estado, Jorge Winckler Ortiz, forma parte de la delincuencia organizada que opera en la zona sur de Veracruz, debido a que el funcionario de marras presuntamente estaría ligado a Jesús "N", alias El Lagarto, presunto autor intelectual de la masacre en Minatitlán, quien habría informado a las autoridades federales, varios datos "que no dejan bien parado al fiscal, y que debe estar preocupado, porque se den a conocer", además que sospechosamente "no ha emitido una orden de aprehensión contra El Lagarto".

La otra fue la declaración del presidente del Poder Judicial, Edel Álvarez Peña, quien confirmó la existencia de muchas órdenes de aprehensión giradas por los jueces de control, que hasta el momento y de manera inexplicable o por descuido, la Fiscalía General del Estado no ha pasado a recoger, lo que trae como consecuencia que se pierda el caso, y que no haya justicia pronta y expedita "porque si no se hace su chamba, entonces los jueces no pueden resolverlos (casos)".

Más allá de que en efecto, Winckler Ortiz milite o no en algún cartel, como dice Cisneros, o que por descuido su gente no pase a recoger las órdenes de aprehensión liberadas por los jueces, de acuerdo con Álvarez Peña, lo cierto es que en otra parte de su discurso-entrevista, el secretario de Gobierno, al estilo yunista, separó a los periodistas que están del lado de los veracruzanos buenos de aquellos comunicadores que "quieren ser cómplices de un pequeño grupo" y que "defienden lo indefendible". ¿Qué es lo que se encuentra en el fondo del discurso del funcionario? Ya se sabrá.