Política

Hacia el vacío sin paracaídas

mayo 13, 2019

En el último mes se han repatriado desde territorio veracruzano más de 700 migrantes centroamericanos. Sólo durante el último fin de semana sumaron 109 migrantes de origen hondureño que fueron repatriados en avión desde Minatitlán. La migración es un fenómeno natural en la evolución de la especie, pero desde hace que se impuso la lógica neoliberal en el mundo, la migración se convirtió en una patología global que tiene costosísimas consecuencias humanitarias. Los precursores en la migración masiva que se vive en el planeta se encuentran en la racionalidad depredadora del sistema económico que, por lo demás, tiene los mismos años de existencia que las dinámicas de movilidad humana que hacen crisis por la lógica del sistema.

Hace apenas año y medio el número de migrantes internacionales alcanzó 258 millones en el mundo, en 2015 fueron 244 millones. Más de la mitad de ambas cifras corresponden a migrantes que buscan trabajo y un ingreso estable que les permita sostener y ofrecer un futuro mejor a sus familias. Casi la mitad, el 48 por ciento, son mujeres y la OIM (Organización Internacional para las Migraciones) estima que hay poco más de 36 millones de niños migrantes. La inmensa mayoría de ellos en condiciones de vulnerabilidad severa.

Esta es una dinámica simbióticamente asociada al modelo económico vigente en el mundo. En 2016, la Asamblea General de las Naciones Unidas celebró una reunión de alto nivel para analizar los grandes desplazamientos de refugiados y migrantes con el fin de unir a los países en torno a un enfoque más humanitario y coordinado. No parece haber resultado significativo alguno. Basten los ejemplos de la migración del norte de África a Europa, y la de Centroamérica hacia Estados Unidos. Miseria, desempleo, violencia son las constantes atrás de los desplazamientos humanos que vive hoy la humanidad bajo las reglas del juego vigentes.

Pero no son las reglas del juego las que hay que cambiar, es la racionalidad económica y los métodos para producir bienestar que hoy por hoy se concentran exclusivamente en una fracción muy pequeña de la humanidad. El uno por ciento. El resto debe arreglárselas repartiéndose el equivalente de lo que concentra la minoría del uno por ciento, pero repartida entre 7 mil 300 millones, de los cuales la inmensa mayoría apenas reciben lo suficiente para obtener mínimos de sobrevivencia.

No es el desplazamiento humano en lo que hay que concentrarse para atender adecuadamente el problema, es la forma de producir y distribuir la riqueza. De no hacerlo pronto, sucederá una catástrofe humanitaria de proporciones oceánicas.