Política

El precio de decir la verdad: ¿Es Julián Assange un Sócrates moderno?

abril 16, 2019

Con la captura de Julian Assange, en días pasados, no podemos más que sentirnos indignados. En primer lugar, porque ha caído un ícono de la libertad de prensa. Por otro, porque nos sentimos contrariados, puesto que occidente sigue dando muestras de que su miedo más profundo es la exposición de la verdad.

Sobre este punto: ¿Qué pasaría si dijéramos que Julian Assange es un Sócrates Moderno? Súbitamente, podría causarnos un ataque de risa, porque no habría una razón aparente para igualar a un filósofo con un periodista. Empero, para explicarnos, es necesario contextualizar un poco esta pregunta y ver si es posible argumentar dicha cuestión.

En el año 399 (A.C.), el célebre filósofo griego, Sócrates, fue enjuiciado y condenado a muerte por el tribunal ateniense. La principal imputación fue que se le consideraba un ser peligroso para la polis, ya que era capaz de poner en tela de juicio los grandes misterios entre el cielo y la tierra, cuestionando todo aquello que estaba permitido pensar, además de corromper a los jóvenes al enseñar esta doctrina.

Situación que ha quedado bien descrita por Platón en la "apología de Sócrates". Éste diálogo nos permite comprender que la pobre fundamentación con la que se acusaba al filósofo quedaba nula con las respuestas y planteamientos de Sócrates. No obstante, si observamos con mayor detenimiento, en un nivel discursivo, se puede apreciar que los sabios atenienses realmente tenían un miedo enorme a la verdad, por lo que era necesario demostrar el poderío autoritario que permitiera poner un punto final, mismo que terminaría por censurar la doctrina socrática.

Hemos de resaltar que la doctrina socrática presentó un gran avance para la filosofía occidental, puesto que no sólo era un ejercicio contemplativo de los fenómenos naturales, como ocurría con sus predecesores (Anaximándro, Tales de Mileto, Anaxímenes, etc.), sino que empezaba a reflexionar sobre las cuestiones humanas: ética, política, el pensamiento, el amor, etc.

Si expresamos, de forma breve, la importancia de su método, podemos señalar que la doctrina socrática presentaba, por lo menos, tres aspectos importantes: La ironía, la cual busca combatir lo erróneo en el individuo, poniendo en tela de juicio todo lo que cree saber y que cree verdadero; la mayéutica, que es una invitación a descubrir la verdad que se encuentra latente en él, pero que ha permanecido inconsciente, como una suerte de sospecha; por último, ambos caminos conducen a un lugar, la Alétheia, que no es más que otra cosa que la Verdad.

Si conjuntamos el método y lo ocurrido en el juicio, podemos decir que la problemática entre Sócrates y Atenas no fue otra cosa sino una lucha por la verdad. Considerando este aspecto, la querella antes descrita cobra un nuevo sentido, hoy más que nunca. Esto si pensamos en lo acontecido con la captura

de Julian Assange, a quien se le retira la inmunidad diplomática en Ecuador, para dejarlo a merced de sus perseguidores. Pero, ¿cuál es la razón por la que se le acusa al periodista? ¿por qué se le ha perseguido con tanto ahínco?

Para entender un poco esta cuestión es necesario tomar en cuenta que Assange es el creador de los llamados WikiLeaks, sitio que pusiera en jaque a varios gobiernos, políticos y empresarios, al mostrar estrategias militares, económicas y una gran red de escándalos financieros que involucran a grandes figuras políticas y sociales.

De entre los principales escándalos, podemos resaltar la difusión de las tácticas militares contra civiles en las guerras de Irak y Afganistán, por parte de los Estados Unidos; o qué decir de las ocultaciones del vaticano sobre los casos de pedofilia en iglesias de Irlanda; o la denuncia de los transgénicos de Montsanto, así como sus estrategias para la promoción de los alimentos genéticamente modificados y el ataque a los países que se opongan a ello; entre otras atrocidades que nos han demostrado que la vida en occidente no es como la creemos.

Entonces, Julian Assange es equivalente a Sócrates ya que nos ha permitido cuestionarnos nuevamente la realidad, gracias a WikiLeaks, que bien podría equipararse con lo descrito más arriba del método socrático, puesto que nos lleva a ver el mundo con otros ojos, desmitificando todo aquello que hasta el momento permanecía oculto o bajo sospecha.

Si la filosofía se ha caracterizado por ser un ejercicio de contemplación e indagación en todos los fenómenos (naturales y humanos), para cuestionar lo que percibimos y con la finalidad de encontrar la verdad o por lo menos algo que nos pueda acercar a ella. Es posible afirmar que lo mismo ocurre con el periodismo actualmente, puesto que busca acercarnos a ver el mundo desde un lugar distinto, acabando con ideas faltas para cuestionar todo aquello que se nos hace creer que es verdad.

Es por esto que, con la futura condena de Assange y las funestas consecuencias hacia la libertad de prensa, no queda más que remembrar un fragmento del final del juicio de Sócrates que bien nos puede llevar a cuestionarnos sobre cuál es el precio de decir la verdad y por qué sigue siendo un lastre del cual queremos huir.

Sócrates: No tengo ningún resentimiento contra mis acusadores, ni contra los que me han condenado, aun cuando no haya sido su intención hacerme un bien, sino por el contrario hacerme un mal, lo que sería un motivo para quejarme de ellos. Pero sólo una gracia tengo que pedirles, cuando mis hijos sean mayores, os suplico los hostiguéis, los atormentéis, como yo os he atormentado a vosotros, si veis que prefieren las riquezas a la virtud, y que se creen algo cuando no son nada; no dejéis de sacarlos a la vergüenza, si no se aplican a lo que deben aplicarse, y creen ser lo que no son; porque así es como yo he obrado con vosotros. Si me concedéis esta gracia, lo mismo yo que mis hijos no podremos menos de alabar vuestra justicia. Pero ya es tiempo de que nos retiremos de aquí, yo para morir, vosotros para vivir. ¿Entre vosotros y yo, quién lleva la mejor parte? Esto es lo que nadie sabe, excepto Dios.

Para concluir, dejamos una pregunta que nos permitirá aliviar un poco las sensaciones que experimentamos con estos fatídicos acontecimientos: ¿Hasta cuándo el precio de decir la verdad seguirá siendo tan alto?