Política

Plan Veracruzano de Desarrollo 2019-2024

abril 13, 2019

Primera parte

Los veracruzanos tenemos paciencia, aguardamos con pertinencia –pero no con poca curiosidad–, la entrega del Plan Veracruzano de Desarrollo 2019-2024, esperamos la recepción de manera escritural de la intencionalidad que el nuevo gobierno tiene para solventar el daño generado durante los últimos 15 años a las condiciones de existencia de poco más de 8 millones de ciudadanos que aquí vivimos. Aunque puede ser más el tiempo transcurrido y los abusos cometidos, no es poco para que la duda y el escepticismo se hayan instalado en la mayoría de los pobladores de este territorio.

Por ello, luego de una participación comprometida con el cambio, las diferentes fuerzas políticas organizadas y no organizadas, los ciudadanos politizados y no politizados, los sin partido y los integrantes de partidos aliados –e incluso opositores al triunfador gobierno entrante–, asumimos hoy un escrutinio escrupuloso, digamos casi obsesivo, de cada palabra que ahora no sólo es dicha y escuchada desde la inmediatez de su sonoridad y el deslizamiento temporal que puede llevársela con el viento y confundir nuestra memoria histórica. Hoy tenemos un testimonio escrito, una huella que suponemos esperanzadora y cargada de conceptos y precisiones que nos den la certeza que estamos por vivir una transición y no una mera alternancia como la que vivimos hace apenas dos años y sobre la cual logramos expresarnos y liberarnos de su reedición.

Queremos creer que nada de lo escrito ahí en el Plan se inserta en los desgastados circuitos de la demagogia de los adversarios y algunos enemigos, consideramos que cada palabra y enunciado plasmado tienen una lógica y un contenido que responde a la reflexión honesta y reposada de quienes asumirán la responsabilidad histórica de acompañarnos en el cambio a que aspiramos. Partimos de la confianza que se trata de un documento que desde su inicio aspira a situarnos en el mundo desgarrado del siglo XXI, dando pistas para emprender caminos compartidos, certeros, actuales, comprometidos con el pensamiento y la acción contemporánea que mira hacia el futuro y que busca conocer el pasado para no cometer los mismos errores que sólo profundizarían la decepción y la incredulidad a que es posible un mundo diferente, un vivir mejor.

Por eso, porque buscamos el compromiso depositado en la escritura, en la palabra impresa en un documento que tendría que responder a las aspiraciones de todos los que creemos estar en el mejor momento para gestar el cambio, trataremos críticamente de acompañar –o en su caso cuestionar– la responsabilidad histórica que goza de un margen estrecho de confianza. Por eso, seremos precavidos, intentaremos deconstruir las posibles huellas, los márgenes y los pliegues, trataremos de desvelar los rastros y restos de posibles interpretaciones certeras y fallidas del proyecto que hoy han puesto frente a nuestros ojos para su posible intelección.

Convocamos al diálogo, al ejercicio de la réplica y la precisión de intenciones. Pensamos que sólo de esta manera nuestra aportación será de utilidad a la información, a la formación política y a la participación permanente de la ciudadanía veracruzana. Valoramos con mucho los esfuerzos en otros ámbitos del gobierno nacional mucho más complejos que el de una entidad como Veracruz, pero consideramos que los veracruzanos debemos ir más allá, que nuestra soberanía y democracia soporte de nuestra acción democrática debe estar cifrada en el reconocimiento de nuestra diferencia con las demás entidades, que la participación debe circular por caminos no convencionales y cargados de reinvención ciudadana, de posmodernidad, pues, que instale una democracia de carne y hueso.

Van pues aquí nuestros primeros ejercicios…

Principios que rigen las acciones de Gobierno

Más allá de los giros del lenguaje que ofrece el primer párrafo (pag.11) de este documento (bordado de una ambigüedad semántica que pone en duda si los valores de amor y libertad propuestos son principios rectores de la elaboración del Plan o de la acción del gobierno o de la conducta de los ciudadanos), se puede "descifrar" que quizá se trata de indicar el compromiso no del Plan, no de la estructura burocrática y sus sujetos, sino del personaje gobernante de asumir los valores AMOR y LIBERTAD como referentes ideales éticos en su quehacer como funcionario/ciudadano y de practicarlos como soporte de su acción y toma de decisiones gubernamentales… en fin, este es el riesgo de redactar este documento fundamental desde un lugar que no deslinda entre él (quien lo pondrá en marcha), el nosotros (los que lo elaboramos) y el usted (a quien se dirige). Pues como veremos más adelante, los enunciados que se dirigen al Usted resaltan como imperativos y por lo tanto como obligatorios de cumplimiento del ciudadano libre (sic).

Si esta interpretación que propongo fuera certera, trágico compromiso de este gobernante del primer tramo del siglo XXI que se ve obligado a un retorno a Platón y a la construcción de un mundo político fundamentado en universales ideales, en el idealismo y no en el movimiento, en un cierto materialismo, en Heráclito, digamos, si es que se quiere sostener una ontología eurocéntrica de corte cercano al pensamiento griego antiguo. Quizá esto permitiría un acercamiento a considerar la validez de la contradicción y a la existencia irrenunciable de la alteridad.

Un segundo aspecto a destacar es el riesgo que conlleva pensar los conceptos (valores) desde lo inamovible, lo absoluto, de la omisión de la construcción del lenguaje que el mismo Platón ya problematiza en el Cratílo y que nos pone en la dirección de la convencionalidad de los nombres, del valor mismo y de su construcción permanente desde la historia social. Asumir la inalterabilidad de los conceptos, mantener una indiferencia de la historia de los conceptos en correspondencia con la historia social y por lo tanto de la imposibilidad de lo universal es ya estar en camino a la religión, de la religiosidad y por lo tanto del dogma… si no es así, entonces, uno preguntaría ¿a qué hace referencia "la relatividad de los principios que dependen de las circunstancias particulares en que se realizan (los valores)?… ¿Cuál es la diferencia entre valor y principio en la que el gobernante es atrapado para ejercer un acto de gobierno? Hasta aquí un intento de comprender un poco la apuesta de amalgamar ética y política, o más preciso, ética y gobierno. Queda aún un largo camino para discutir la relación entre amor y política (que no sería este el lugar pertinente), pero que resulta ineludible cuando se trata de la acción de gobernar en las primicias del tercer milenio y el arranque del siglo XXI, y cuando por ningún lado aparece una elaboración teórica pertinente y posible de la relación práctica entre amor y política (léase gobernanza). Sugiero regresar a Nicolás Maquiavelo para reemprender la discusión sobre este planteamiento y repensar si el concepto de "república amorosa" es más una metáfora que un concepto teleológico posible.

Una tercera cuestión que disloca la comprensión del segundo párrafo de este documento: "Usted será responsable de coadyuvar en el ejercicio de los programas y acciones contenidas en el Plan Veracruzano de Desarrollo apegándose a las directrices éticas que se describen a continuación"… ¿Quién es el "usted" a qué se refiere? ¿Somos nosotros los ciudadanos el "usted"? ¿Se trata de un imperativo dirigido por quién a nosotros los veracruzanos y a los que aquí habitan? Nuevamente, la confusión de lugares en la escritura, ¿o quizá es un aviso seguido del dogma y por lo tanto de la fuerza de la religiosidad sobre la política y la vida democrática del ciudadano, del pueblo libre?

Para la próxima entrega, amor y libertad como conceptos fuerza para la gobernanza…