Política

Sanar

abril 13, 2019

Es frecuente encontrar entre la comentocracia nacional y estatal, cierto apremio porque los gobiernos del cambio de régimen no dan aún resultados medianamente significativos, vis a vis las inmensas expectativas depositadas en ellos.

Lo cierto es que el reclamo es peregrino. El daño causado en el tejido social luego de casi 40 años de políticas neoliberales en todos los aspectos de la convivencia social es devastador. El desempleo, la desocupación, una incertidumbre abrumadora en el día siguiente, la depauperación de las clases medias asalariadas, el abandono del Estado a sus mayores, a sus jóvenes, la atomización del salario, la desintegración de los sindicatos independientes, en suma el hostigamiento permanente sobre la población trabajadora que vive de su sueldo.

Tales políticas reventaron por el eje los valores de convivencia creados en el régimen post revolucionario. Abstracciones que se convirtieron en políticas públicas con resultados visibles como la educación gratuita, la seguridad social, el acceso a la vivienda, prácticamente se esfumaron a partir de los años 80, como las pensiones.

El Estado invertía millones en convencer de su legitimidad pero sin el menor éxito. De ahí, por ejemplo, los abucheos a Miguel de la Madrid cuando inauguró alguna justa internacional de futbol. Empezaban apenas a sentirse los primeros efectos del neoliberalismo instrumentado por el presidente impuesto por el FMI y el BM, y ya había suficiente descontando para abuchearlo por televisión en mero público de la gente.

De entonces hasta diciembre pasado, los valores sobre los que se construyen los tejidos sociales, esto es, los valores comunitarios que comprenden las relaciones de confianza y cuidado; los valores institucionales sobre los que es posible la organización social que conecta a quienes habitan en las diferentes regiones de un territorio; y los valores estructurales que comprenden los acuerdos sociales que determinan las instituciones y las relaciones sociales, fueron revertidos y en no pocas ocasiones diluidos.

Cambiar la dinámica de la inseguridad pública implica reconstruir seriamente los inmensos daños hechos en las relaciones de confianza, pieza fundacional de cualquier idea de viabilidad.