Política

El café bajo asecho

abril 09, 2019

La semana pasada, frente a erisipela causada por el gobierno federal con el anuncio de la construcción en Veracruz de una nueva planta de la empresa Nestlé en México, ejecutivos mexicanos del corporativo mundial de origen suizo, aceptaron que "ha fallado la comunicación con los productores cafetaleros".

La planta anunciada está ya en construcción y requerirá de una inversión de más de 150 millones de dólares. Con ella espera producir la friolera de 11 mil toneladas de café soluble para lo que precisará de 30 mil toneladas de café por año. Arábiga y robusta. Es de dudarse, no parece verosímil que Nestlé con tal meta de producción esté realmente interesada en variedades de café que no sean altamente productivas para alimentar satisfactoriamente su demanda de insumos. La mayor parte del café que se produce en México es de la especie arábiga, que produce menos granos con menos cafeína pero de superior calidad. Las calidades en cuanto a acidez y cuerpo no son comparables. Se pueden hacer mezclas y el tostado es sustantivo, pero la calidad del café es determinante.

México descuidó y prácticamente desarticuló su agroindustria cafetalera desde que se arruinó al Instituto Mexicano del Café a finales de los 70, diez años más tarde el gobierno de Carlos Salinas desapareció la institución. Hace más de 30 años que la industria alimentaria en México presiona para producir más toneladas de café al margen de su calidad. Eso y la ausencia de políticas públicas han ocasionado que el café mexicano perdiera el mercado europeo frente a la potencia y acuerpamiento gubernamental colombiano a sus productores.

A contrapelo de la inquietud de los productores, la nueva Mesa Directiva de la Asociación del Café del Consejo Nacional Independiente de Campesinos y Ecologistas, AC, dio el espaldarazo a la empresa Nestlé, que ya inició con la construcción de la nueva planta cafetalera en el puerto de Veracruz.

Un grupo de productores de varios estados entre los que se incluye a Veracruz, se reunieron la semana pasada con ejecutivos de la transnacional e impensadamente afirmaron que quienes se oponen y recelan del actuar de la multinacional es un grupo de productores minoritario. Es discutible. La mayor parte de los productores mexicanos producen alguna variedad café arábiga.

El grupo que es liderado por Constantino Aguilar Aguilar, ex dirigente priísta de la Liga de Comunidades Agrarias de la CNC, quien sin prurito alguno dijo que serían "aliados de la Nestlé." Desafortunada expresión, porque quienes debieran aliarse a los productores –bajo las reglas de los productores– debiera ser Nestlé, no los productores aliados bajo las reglas de la empresa.

Si el inesperado apoyo tiene su origen en los intereses particulares del ex priísta, malo. Si el origen es la empresa, malo porque es de esperarse presiones sobre el precio y la variedad del cultivo. Si el origen de la información es gubernamental, malo porque sería claro que hay una intensión de manipulación de la oposición.

En cualquier caso, va quedando claro que el café es un bien que se cotiza en el mercado de valores internacional y sobre el que confluyen intereses poderosos de las industrias alimentaria y farmacéutica. Rescatar y defender la calidad del café mexicano y con ello proteger a los productores e intereses nacionales es innegable responsabilidad de gobierno. Defender el interés nacional en lo cotidiano, en la vida diaria, es responsabilidad de la ciudadanía. El café es potencialmente una fuente de riqueza y bienestar para los productores y para el país, depende de la claridad de las políticas públicas que se instrumenten para ello. En las casi cuatro últimas décadas se ha hecho exactamente lo contrario.