Política

Por consigna y auto protección

abril 03, 2019

En un exceso de la predictibilidad tropical, el fiscal Winckler exhibe sin inhibiciones ni rubores el propósito de su enquistamiento por imposición en el cargo.

Una sociedad profundamente dolida, frustrada y ofendida durante años por el comportamiento venal de sus autoridades debe seguir pagando a su cargo y en efectivo el mal fario de su debilidad institucional, y encajar el costo de tener un fiscal general exclusivamente dedicado a utilizar el cargo de manera facciosa. Al alud de denuncias llegadas a la Fiscalía por las corrupciones de la administración panista que maniobró para dejarlo como caballo en el lado del tablero enemigo, el abogado cita a comparecer al secretario de Educación justo en el momento que denunciaba –frente al fiscal– la corrupción del gobierno de Miguel Ángel Yunes en la SEV.

Si fueran tantito menos primarios podría suponerse cierto sentido del humor. No es así y lo que sí evidencia es decidido valemadrismo respecto a los imperativos de justicia de los gobernados.

Mientras el fiscal se devana la sesera en pergeñar felaciones legales, los gobernados son obligados a diferir sus demandas de justicia y protección de las instituciones.

Los poderes fácticos remanentes del régimen pasado dedicarán la energía que les queda y conocimientos a eso porque es la forma de ralentizar que la ley los alcance. Pero es un régimen que empieza y hay tiempo.