Política

Desmonte

marzo 29, 2019

Resulta ahora que parte sustantiva de la némesis del patrón del fiscal Winckler, el ex secretario de Finanzas del paradigmático gobierno corrupto de Javier Duarte, Mauricio Audirac, ha vencido a la Fiscalía en el proceso que ésta inició en su contra hace una par de años. Extraña y sospechosa por deliberada incompetencia.

El asunto no es menor ni meramente anecdótico. Muestra el imbricado nivel de complicidad y simulación pactada de las élites decisorias de los tres gobiernos antecesores al actual. Élites profundamente divorciadas de los intereses del resto de los gobernados. Ahí está, por ejemplo, la racionalidad del corporativo Chedraui para coinvertir en el nefasto proyecto de minería canadiense. Una inversión porcentualmente marginal si se quiere, pero que demuestra rotunda que el divorcio de las élites con el resto de los gobernados, es rotundo. Es la misma racionalidad financiera que ha despedorrado al mundo en los últimos 40 años.

Y ésas élites, entre ellas, no en absoluto divorciadas. Cuando mucho distanciadas; pero si la realidad les torna adversa, actúan coincidentemente, acuerdan y se coordinan en defensa propia y para contra atacar. En ese brete parece estar metido el estado.

No es casual entonces la nueva visita del presidente López Obrador. Tiene un mensaje político claro: el gobierno federal respalda sin condiciones la brega del gobierno para deshacerse y neutralizar la acción de los muchos poderes fácticos que en diversos niveles actúan en el estado. No es sencillo, el caciquismo es sorprendentemente parecido al feudalismo, con la relaciones clientelares como sustitutas de la servidumbre. O casi sustitutas, porque al final del día se parecen bastante.