Política

PENSAR DESDE HOY. CONSUMISMO IDEOLÓGICO E IDEOLOGÍAS PRÊT-À-PORTER

marzo 28, 2019

Hace no mucho, en plenas fiestas navideñas, me encontraba por la calle al padre de un buen amigo mío, un señor de los de antes, de los de principios y valores inmarcesibles, más cercano de ser centenario que de hacer la primera comunión, con más años que las piedras. En ese momento de encuentro y charla casual, con sentido atribulado y a porta gayola me espetó: "espabila majete: este mundo está ya en la descojonación, está maldito, no hay dios quien lo arregle". Más allá de este lapidario diagnóstico de nuestro presente, esta desazón es un síntoma de una enfermedad provocada por los vertiginosos cambios que se dan a cada rato. Estos cambios, difíciles de asimilar y mucho más difíciles de asumir para muchas personas mayores, resumen la insoportable levedad de la seguridad que ofrece lo fijo, lo permanente, lo de toda la vida, lo que se ha dado en todo tiempo y espacio: el sino de los tiempos, que diría un cursi.

Nuestra época consumista, de la depredación insaciable del "usar y tirar", sacraliza el dogma del consumo, de la misma manera que consagra el mercado de las ideas. La fenomenología del consumismo provoca que las transformaciones ideológicas sean directamente proporcionales a la velocidad de los cambios que produce la realidad. Las ideologías de antaño, casi indelebles, se ven amenazadas por las ideas volubles de ogaño que se acoplan a esta realidad mutante de deconstrucción de certezas absolutas: las verdades de la matemática o la física, desde esta perspectiva, no deben someterse a los axiomas y los principios lógicos, sino que deben ser el resultado de las interpretaciones culturales. El desasosiego y el vacío existencial, en muchos casos, ha conducido al ser humano a refugiarse en artificios ideológicos como forma de huir de ese vacío o de llenarlo. Estos artificios vienen recubiertos de proteicas ideologías que yo llamo "ideologías prêt-à-porter", es decir, ideologías preparadas para su consumo inmediato. Se trata de ideologías estratégicas que pretenden dar respuesta a la necesidad explicativa de nuestro mundo; sistemas en los que los valores se relativizan, la ética se deja de lado y lo que se pone en valor es el pragmatismo y beneficio derivado de las propias ideas. Por lo tanto, las ideas, convertidas en el motor del mundo que diría Max Weber, propician hoy día ideologías de

consumo inmediato encargadas de llenar ese desabastecimiento existencial del ser humano.

Nuestro presente, como otros presentes anteriores, ofrece también ideologías sustentadas en el aberrante supremacismo de "la idea", mi idea, única válida y verdadera. En este contexto supremacista el individuo, y su libertad de pensamiento y actuar, debe ser sometido a la voluntad cabestra e inquisitorial de los colectivos. Esta hegemonía de la idea, presente por ejemplo en la política, es la vitola de los populismos actuales, tanto de derecha como de izquierda. Estos extremos políticos despreciarán y combatirán la universalidad en favor de un localismo aldeano excluyente del ser y la esencia, resultado del tacticismo propio de un tiempo, el nuestro, sujeto a las circunstancias de relativismo que principian y potencian modernas sociedades líquidas. Y qué decir de las nuevas realidades religiosas a la carta que se multiplican como los champiñones, que amasan el pan espiritual con levadura de creencias manipuladas; realidades religiosas, cuyo proselitismo y difusión más allá de lo local o regional, difícilmente hubieran sido posible sin la "intervención divina" de las nuevas tecnologías y la sociedad red. El mismo patrón de demolición de la libertad individual se repite en las más recientes y extremas ideologías de género, éstas han elaborado una visión histórica deformada del papel de la mujer y se asientan en el principio radical de diferencia elaborado a partir del constructivismo cultural del sexo. El género está presente por doquier, a imagen y semejanza de las homeomerías de Anaxágoras, y cuyo sentido se está relativizando al extremo de que el mismo depende de la subjetividad personal: se pueden dar tantos géneros como realidades individuales. El género y los papeles que de él se derivan quedan considerados así una mera construcción social, una imposición cultural, de tal guisa que el sexo tendría poco que ver con la realidad biológica de las personas. Son, éstas, ideas que convierten en dogma de fe delirantes barruntos como el de que el instinto maternal es una construcción cultural -no resultado natural de la biología- y que se trata de un instrumento de dominación machista que relega al sexo femenino al papel específico de la maternidad.

En fin, el consumismo ideológico no hace más que recuperar las viejas prácticas y efectivos métodos de alineación de los seres humanos. Las ideologías prêt-à-porter, recubiertas de un supuesto manto de liberación y progreso, imponen el colectivismo del pensamiento único en el que la disidencia y pluralidad de creencias -más allá de lo que aquellas mesiánicamente establecen- son perseguidas y combatidas. Liberarse de la

esclavitud de estas ideologías deformantes que opacan la realidad de las cosas no es tarea fácil y tiene que pasar necesariamente por la consciencia de la existencia de las cadenas, la reflexión crítica y la toma de posición inequívoca contra el intento de sometimiento de las libertades individuales al delirio colectivo de estas ideologías.

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