Cultura

Palacios novohispanos: la Casa de los Azulejos

marzo 25, 2019

La Ciudad de México es conocida como la "Ciudad de los Palacios" debido a la frase del teniente inglés Charles Joseph La Trobe, que en un viaje a México quedó impresionado con la belleza arquitectónica, fachadas, ornamentos, colores, estructuras, trabajo en piedra y azulejos de los edificios señoriales del centro de la Ciudad de México.

A partir del siglo XVI con el advenimiento de la conquista española, poco a poco fue gestándose el mestizaje cultural en la Nueva España, donde la arquitectura, las artes y los oficios se constituyeron como una verdadera amalgama intercultural. Este proceso comenzó a mediados del siglo XVI, debido a la migración de aproximadamente 150 000 españoles de diferentes clases sociales y oficios llegados a la Nueva España, que introdujeron nuevas técnicas de producción artesanal. Los ceramistas españoles provenientes de la ciudad de Talavera de la Reina, provincia de Toledo, se avecindaron en la ciudad de Puebla de los Ángeles, que se convirtió en el centro alfarero más importante durante la Colonia; estos alfareros desarrollaron un tipo de loza esmaltada conocida como Talavera Poblana.

La cerámica que se elaboraba en Puebla recibió influencias de varios estilos durante diferentes épocas. En principio entre 1575 y 1700 se desarrolló el estilo hispanoárabe, donde se elaboraron piezas decoradas básicamente con dibujos geométricos. El estilo que provenía de Talavera de la Reina tuvo gran difusión entre 1600 y 1780, se hacía sobre una base blanca, donde se dibujaban flores, animalitos o personas en colores fuertes: naranja, amarillo, azul, verde y negro. Resultado del intercambio con Oriente promovido por la Nao de China, se introdujo el estilo oriental, básicamente chino, que se desarrolló entre 1650 y 1790; el elaborado en azul sobre blanco resultó ser el de más arraigo dentro de la tradición poblana. Los alfareros españoles introdujeron la elaboración de azulejos en la Nueva España. Eran piezas cuadradas que medían 12 centímetros por lado; se realizaba sobre una base de barro cocido esmaltado con barniz para que obtener el efecto vidriado, generalmente se coloreaban en azul y blanco por lo que recibieron el nombre de azulejos.

En la arquitectura de las principales ciudades del Virreinato, particularmente México y Puebla, se utilizaron los azulejos para decorar interiores y exteriores, en iglesias, conventos, residencias y edificios civiles. Ciertamente la más conocida de las construcciones de azulejos es la famosa "Casa de los Azulejos", que fuera el palacio de los condes del Valle de Orizaba, ubicada en la antigua Plazuela de la Guardiola, actuales calles de Madero y 5 de Mayo, en el centro histórico de la Ciudad de México. Este emblemático inmueble está cubierto en su totalidad por azulejos de manufactura poblana. Se sabe que en el siglo XVI perteneció a don Damián Martínez, quien la vendió en 1596 a don Diego Suárez de Peredo, que a su vez la heredó a su hija Graciana, quién posteriormente se casó con don Luis de Vivero e Ircio, segundo Conde del Valle de Orizaba. El edificio actual data de 1737, cuando Graciana Gutiérrez de Altamirano y Castilla, quinta Condesa del Valle de Orizaba, tras enviudar en 1708, regresó a México después de vivir varios años en Puebla, entonces decidió remodelar el inmueble y recubrir la fachada en su totalidad con azulejos, logrando un bello conjunto donde los azulejos y la cantera logran un remate magnifico que campea en un acabado artístico perfecto. El interior de la casa contaba con tres niveles y dos patios decorados con finas columnas, una fuente y una hermosa escalera, donde actualmente puede apreciarse un mural de José Clemente Orozco.

La casa novohispana era el centro de la vida social, la decoración de estos espacios era preparada con sumo cuidado; en el inventario de 1740 de los enseres con que contaba la "Casa de los Azulejos", destacan muebles, pinturas, vajillas, porcelana china, candiles, espejos, cristalería, libros, biombos, a la usanza de las casas señoriales novohispanas. De tal forma, a lo largo de los años la "Casa de los Azulejos" ha sido escenario de la historia de nuestro país, y sigue siendo un icono en la cultura y la estética mexicana, erguida como uno de los edificios más hermosos de la "Ciudad de los Palacios".