Política

Nadie escarmienta en cabeza ajena

marzo 15, 2019

Más allá de los claros oscuros de su vida institucional y de que la actuación de sus últimos dirigentes y autoridades abonaron para que el PRI atraviese por la peor crisis de su historia, lo cierto es que sus actuales liderazgos parecen empeñados en echar por la borda el poco capital político que le queda al tricolor, y si bien nadie extrañaría a Enrique Peña o a Javier Duarte, la presencia del Revolucionario Institucional como expresión política de centroizquierda resulta importante para generar un punto de equilibrio en el espectro ideológico de los partidos políticos del país.

Ante la inminente desaparición del "izquierdista" PRD , fagocitado desde su interior por los intereses, bandazos, venta de conciencias y alianzas impensables impulsadas por los caciques de sus innumerables tribus, y la oscilación del PAN hacía una posición de extrema derecha, el PRI podría constituirse en una opción ubicada en el centro, entre la izquierda morenista y la reacción panista.

Sin embargo, la actual dirigencia nacional y sus satélites estatales actúan como si nada hubiera sucedido el primero de julio del año pasado, y mantienen la misma ruta de la simulación y toma de decisiones verticales sin tomar en cuenta a una militancia que con todo y la debacle, aún sigue creyendo en la posibilidad de que su partido vuelva a tener oportunidades de competencia electoral.

La prueba de ello es el reclamo público de ocho de los aspirantes a la dirigencia a la falta de palabra de la presidenta del CEN, Claudia Ruiz Massieu, a quien recuerdan su compromiso adquirido hace unos días durante el aniversario de la CNOP, en el sentido de que la decisión para elegir a las nuevas dirigencias pasaría por la militancia mediante elecciones libres, democráticas y directas.

Pero para llegar a ello, los aspirantes puntualizaron a la dirigente nacional, la necesidad de que se llevara a cabo una depuración del padrón militante para eliminar a quienes han lucrado y medrado con las siglas partidistas y, aseguran, merecen la expulsión al haber traicionado los principios que dan vida a ese partido. Sospechan que al viejo estilo del partido hegemónico, pudiera echarse mano de un padrón militante que alcanza los 150 mil afiliados, sólo que éste fue levantado en el 2014 y a todas luces resulta inexacto y plagado de errores.

De ahí que la posibilidad de que nuevamente se simule un proceso electoral está vigente pero con un riesgo adicional para el PRI: que ante la franca debilidad institucional y la presencia de infiltrados provenientes del gobierno pasado de extracción panista –que están a la espera de capturar la estructura partidista para confrontar en una coalición bizarra y encarar a Morena–, la convocatoria para la elección interna de la manera en que la está manejando el CEN podría exponer públicamente la anemia vital que en esta coyuntura aqueja al tricolor, y terminar por decepcionar a los priístas que aún ven a su partido como una opción democrática.

Las sospechas de los ocho aspirantes están fundamentadas en la forma en que Ruiz Massieu – integrante distinguida del grupo salinista que en estos momentos controla al PRI– está gestionando el proceso de renovación de los comités estatales, que en el caso de Veracruz, parece más interesada en acomodar las fichas para la constitución de una alianza con la derecha panista, en ese mismo pragmatismo que hundió al PRD. Pero como se dice, nadie escarmienta en cabeza ajena.