Política

PENSAR DESDE HOY|.De la ruina de las humanidades

marzo 14, 2019

Fe de errata. El artículo "De humanos y animales" publicado el 21 de febrero de 2019 en contestación al texto "La caricia del animal o el legado de lo no-humano" por Víctor Osorno (07 de diciembre del 2018), es autoría de Adriana Menassé.

En una entrevista reciente, el notable filólogo y filósofo Carlos García Gual declaró un diagnóstico poco optimista en torno a la situación actual de las humanidades: "La reducción del horizonte intelectual es un empobrecimiento" comenta García Gual, "la batalla en favor de las Humanidades está perdida, pero en las barricadas aún se puede defender. Hay demasiados intereses económicos en contra. La apabullante venta de soportes tecnológicos es una de ellas. Y generan confusión, como provocan, entre otras cosas, la irrupción de esa tontería que llaman influencers." Ciertamente, la emergencia desmesurada de líderes de opinión que recaban seguidores por millares a punta de improvisados aforismos, aunado a la ilusión del recurso ilimitado de respuestas, literalmente al alcance de la mano, ha entregado a las sombras toda actividad que resulte en pasar de horas a una biblioteca, como decía Borges, fatigando páginas. Pero si ya en tiempos de grandes figuras intelectuales como Hume o Schopenhauer, preferir el estudio de las humanidades a las actividades que generan utilidad inmediata era señalado por muchos como algo superfluo y poco productivo, la total aceleración de los procesos de enseñanza, y la sobrestimación de los recursos tecnológicos en la educación ponen en entredicho no sólo la práctica convencional de estudio sino la justificación misma de ocuparse de algo así como la filosofía, por tomar un caso.

En la misma entrevista, García Gual señala, no obstante, que la crisis no es académica, sino que viene de afuera. Como si la desestimación de la filosofía y las humanidades en general no tuviera también su origen en el cansancio y el escepticismo de profesores que ya no creen en lo que enseñan, y se regodean del acabamiento de toda empresa intelectual de largo aliento. La carrera desaforada por la última moda, la sobrestimación de la versión más descafeinada del pensamiento crítico, así como el completo descuido del estudio de los clásicos a favor de figuras pretendidamente "aplicadas" de la filosofía, también ha abonado a la ruina del pensamiento: la batalla no sólo es sólo hacia afuera, el drama no es resultado de los tiempos, que siempre cambian, sino que creció en las entrañas de esas facultades y escuelas de humanidades que tanto ha costado defender. ¿Por qué no indigna y sorprende que en las escuelas de filosofía ocurre hoy en día algo semejante a que se decidiera dejar de enseñar matemáticas en las escuelas de ingeniería?

Por si esto fuera poco, los cada vez menos motivados por la filosofía y las letras, que al fin se deciden por acercarse a las facultades de humanidades, vuelven a casa decepcionados por una academia cínica, que parece celebrar el malogro de la razón y casi se avergüenza de las pretensiones de los antiguos, sus viejos problemas, y su anquilosado léxico "último". Vivimos en tiempos de aceleración y de lo que se trata es de llegar muy pronto al debate más actual, de intervenir rápido sin pasar demasiado tiempo leyendo obras del milenio pasado y, sobre todo, de no comprometerse, ni tomarse nada demasiado en serio. Todo ello aunado a la avidez de respuestas inmediatas, resulta casi siempre en el aplazamiento al infinito de aprendizajes significativos.

Así, la ruina de las humanidades no es el resultado, como dice García Gual, de la apabullante presencia de la tecnología, sino de un olvido más elemental, y más alarmante: la pereza por todo lo que resulte conceptualmente complejo, y total falta de compromiso científico por parte de muchos de los que se supone están llamados a defender la filosofía como espacio de las razones. En muchas aulas de humanidades la ligereza en la expresión, el desenfado ocurrente y el recurso de la mera opinión han tomado el lugar de la argumentación precisa, la reflexión crítica y la pausada elaboración del concepto. Muchos profesores, más preocupados por el presente y su ilusión de satisfacciones inmediatas, han dejado lado el fatigoso estudio de las obras de los pensadores clásicos, y el lento desarrollo de un criterio racional, reflexivo y verdaderamente crítico en sus alumnos. Sin la pausa necesaria para la reflexión, aquilatada por el estudio de las formas clásicas a destiempo de las urgencias de lo inmediatamente útil, toda pretensión de impacto y supuesta innovación en las universidades termina en un muro de sombras donde, como recuerda Platón, se confieren honores por anticipar el movimiento y darle nuevos nombres a una vana ilusión.

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