Política

Democracia, construcción

marzo 08, 2019

En efecto, la llamada cuarta transformación del país está abocada a transformar el encaje institucional del país. Esto es, las reglas del juego. Esto implica desde luego transformar los reflejos creados durante casi cinco décadas de neoliberalismo, si contamos desde que José López Portillo nacionalizara el sistema de pagos y sentara las bases para la tarea de reducción del Estado y las "desincorporaciones" masivas de las empresas del Estado. Pemex, ícono de la soberanía, fue abandonado, saqueado y debilitado sistemáticamente a fin de justificar su venta. Como no era posible hacerlo de botepronto, los gobiernos neoliberales lo debilitaron al extremo. Una tarea que implicó cursos de corrupción masiva que el prianismo ha logrado, por ahora, mantener fuera del escrutinio público.

A la par, el gobierno federal construye una nueva forma de interlocución con los gobernados. Sin llegar a la banalización del twit, el presidente López Obrador construye una forma de interlocución casi directa con los gobernados con las conferencias matutinas. El asunto no es menor porque sin negar a las organizaciones gremiales y sociales en su totalidad, no apela a ellas para establecer relaciones de dominio –control si se prefiere– con los gobernados. Las nuevas tecnologías son utilizadas pero no son la plataforma principal de la interlocución con los gobernados, como lo es en el caso estadounidense, sino el diálogo tempranero con la prensa y medios de comunicación electrónicos.

No poca cosa. En la medida que el tiempo avanza se construyen hábitos y rutinas en donde el acceso de los gobernados a la información se allana y facilita que la ciudadanía busque y solicite la información que el gobierno no siempre pone a disposición de la ciudadanía.

Se va construyendo así la base cultural para un nuevo paradigma de gobierno: el de un gobierno abierto, lo que implica no sólo la disposición gubernamental para facilitar la información sobre la que se basan los procesos de toma de decisiones, sino el establecer relaciones de interlocución mucho más directas con las organizaciones ciudadanas no controladas por cúpulas federativas.

Los gobiernos neoliberales nadaron de muerto todos durante años, simularon lo necesario para mantener sus procesos de toma de decisiones constreñidos a una élite pequeñísima.

Empieza a prefigurarse ahora el relanzamiento de la alianza para el gobierno abierto entre organizaciones no gubernamentales, el INAI y la Secretaría de la Función Pública. Así, no sólo se transparentarían los procesos de toma de decisiones, sino que se establecerán los mecanismos para incorporar a las organizaciones de la sociedad civil a los procesos de toma de decisiones. Falta por ver, desde luego, su concreción.