Política

Refundación republicana

febrero 28, 2019

En varias ocasiones, este espacio editorial ha sostenido axiomáticamente la idea del pacto de simulación e impunidad entre partidos políticos. Particularmente entre el PRI tomado por neoliberales y el PAN también tomado por neoliberales. Prianismo le llaman y ha sido devastador desde que a finales de los años 80 Carlos Salinas de Gortari tomara el poder. Varias veces La Jornada Veracruz ha sostenido la idea de que Miguel Ángel Yunes no persiguió e incluso acuerpó a su antecesor Javier Duarte de Ochoa.

Hoy, la nota firmada Jair García da cuenta de la realidad: Miguel Ángel Yunes mintió sostenidamente a los veracruzanos, no persiguió a Duarte.

No es sorpresa, pero no deja de haber cierta curiosidad morbosa por volver a documentar las mentiras de un actor político mentiroso compulsivo. Es de esperarse que en los meses que siguen, de forma discontinua vayan haciéndose públicos más casos probados de corrupción. Es inevitable, el régimen estaba sostenido sólo en la corrupción como valor aglutinador. El neoliberalismo no funciona sin corrupción. Más aún, sin corrupción no hay neoliberalismo posible. Y no es un asunto de indignación moral, que lo es, sino de eficiencia. El neoliberalismo es intrínsecamente corrupto, consecuentemente intrínsecamente ineficiente. Pese a sus muy abundantes racionalizaciones académicas que dominaron la lógica de toma de decisiones públicas durante varias décadas.

Los costos sociales han sido altísimos, igualmente los costos para la consolidación política de reglas de convivencia a las que se llegó por consenso, por negociación política. Las nuevas instituciones fueron tomadas por los partidos políticos y eran operadas por sus élites dirigentes. El estancamiento era obligado. Los costos han sido altísimos pero el hartazgo nos trajo a este punto. Al de la definición de nuevas reglas del juego, ahora decididas por todos.