Política

El comercio informal en Xalapa

febrero 21, 2019

Quien afirme que puede acabar con el comercio informal en Xalapa está mintiendo. Nuestra ciudad es una más, como Guadalajara, Toluca, Monterrey o León que ha padecido directamente los efectos de las políticas neoliberales de los últimos treinta años, cuando menos. Si en el país el 60% de la Población Económicamente Activa está en la informalidad, Xalapa no es la excepción y la misma tendencia observada a nivel nacional, ocurre en el municipio. Con el agravante que, a diferencia de las capitales arriba mencionadas, en Xalapa el empleo en el sector secundario (industria) es muy pequeño, por lo que para mucha gente su única alternativa para ganarse la vida es el comercio informal.

Si en los últimos años el comercio informal en nuestro municipio se ha incrementado exponencialmente se debe al arribo de miles de personas que, ante la precariedad del trabajo agrícola y la falta de oportunidades en sus localidades, han arribado a la zona metropolitana de Xalapa con la esperanza de una mejor vida para sus familias. Muchas son personas con poca escolaridad y capacitación para el trabajo focalizada en algunos oficios (albañiles, ayudantes, jardineros, etc.) que han encontrado en el comercio en las calles su única opción laboral; esta situación es más compleja para las mujeres, cuyas alternativas para ganar el sustento de sus familias suelen estar limitadas al comercio de alimentos elaborados por ellas (tortillas, tamales, picaditas), a la venta de productos del campo (chiles, elotes, rábanos, etc.), de artesanías (ropa) o de mercancías pirata.

El comercio informal ha transformado el espacio público valorizándolo en función de sus posibilidades de venta: las zonas de mayor tránsito de personas (a pie o en auto) suelen ser más atractivas para el comercio que aquellas menos frecuentadas; paradójicamente, las zonas más valorizadas para el comercio informal en ocasiones pueden perder valor relativo para el comercio establecido, o para la plusvalía urbana en términos habitacionales. Lo que es un hecho es que el espacio público no es un espacio neutral, sino un espacio en disputa continua entre los diversos grupos y organizaciones del comercio informal, las asociaciones y cámaras que aglutinan al comercio formal, las asociaciones de vecinos, las instancias del gobierno municipal, estatal e incluso federal, entre otros agentes. En esta disputa, al parecer va ganando la delincuencia organizada.

En Xalapa los puntos clave de mayor disputa por el espacio urbano (no los únicos, desde luego) son bien conocidos: el Centro Histórico, la zona del mercado La Rotonda, la zona del mercado Los Sauces, la avenida Atenas Veracruzana (colonia Revolución), Los Lagos, el parque de Los Berros, la avenida Lázaro Cárdenas por Plaza Crystal, San Bruno por la calle Mártires del 28 de Agosto, el estadio Colón y calles cercanas (básicamente los sábados). Y algunos otros puntos más que se me olvidan.

Ahora bien, en anteriores administraciones municipales el comercio informal se ha enfrentado (literalmente) con políticas de "limpieza social". La llamada "limpieza social" tiene gradientes que van desde la estigmatización de grupos sociales considerados perniciosos, hasta, en otro extremo, su aniquilación física. En el caso de los comerciantes informales la "limpieza" ha consistido en quitarlos de la vista, hacerlos a un lado, dispersarlos en otros espacios urbanos. En cualquier sentido, la limpieza social es, lo ha sido siempre, un dispositivo de control que facilita la reproducción del sistema de dominación y explotación.

El discurso de la "limpieza" no es mío, los mismos líderes de comerciantes informales y ex funcionarios municipales así lo refieren: "en la administración de fulano de tal se limpió El Árbol y la Plazuela del Carbón"; "en tal año se limpió el parque"; "con perengano limpiamos toda la avenida tal", etc. El lenguaje no es banal ni carente de sentido, por el contrario, al afirmar que "se limpió" tal o cual calle o plaza, se estigmatiza a los comerciantes en vía púbica tratándolos como ciudadanos de segunda o peor aún, como escoria, como basura. La tal "limpieza" consistió en retirar vendedores de un sitio, para ubicarlos en otro, por ejemplo, en alguna plaza comercial construida para tal efecto.

Esta política ha ocasionado dos cosas: i) las calles en las que fueron retirados al cabo de un tiempo se ocuparon por otros comerciantes y; ii) que los vendedores reubicados (no todos, hay que decirlo) en muchas ocasiones duplicaron sus puntos de venta: en los locales que les asignaron y en las calles a las que, nuevamente, salieron a vender. Absurda política al parecer, pero no a la luz de sus implicaciones en términos clientelares y en materia de corrupción.

De acuerdo al reglamento vigente de desarrollo económico, en Xalapa el comercio en vía pública está prohibido, salvo en aquellos puntos que el H. Cabildo autorice. En mi opinión, esa prohibición es profundamente perjudicial puesto que promueve dos fenómenos, relacionados entre si: el clientelismo y la corrupción. Por una parte, clientelismo por cuanto las organizaciones de comerciantes informales (ambulantes y no) utilizan la prohibición como excusa para negociar, a través de la presión política y el chantaje electoral, los espacios para que sus agremiados trabajen y paguen sus cuotas, no al Ayuntamiento puesto que es una actividad ilegal, sino a los y las líderes (y a los funcionarios a modo). De esta manera, el espacio público se convierte en un negocio de particulares y/o de organizaciones políticas. Por otra parte, la prohibición genera corrupción en la medida en que facilita que los comerciantes sean tolerados en ciertas zonas o en determinados horarios, a cambio obviamente de la mordida al empleado municipal en turno. No digo nada que nadie sepa, pero difícil de denunciar con pruebas y actos in fraganti.

El hecho de que el Ayuntamiento de Xalapa, desde hace muchos años, haya optado por "prohibir" una actividad que ocurre en los propios pasillos del Palacio Municipal, lo hace no sólo omiso sino partícipe en crear una amplia zona de incertidumbre que va a ser llenada por quien más fuerza tenga. Y si no es el gobierno municipal (o estatal o federal) serán los grupos que mayor poder tengan quienes los ocupen (y usted, amable lector, saque sus conclusiones de quienes son).

Si el modelo de prohibir el comercio informal en Xalapa es inadecuado (por decir lo menos), el otro extremo es exactamente lo mismo: no se trata tampoco de permitir el comercio informal en cualquier lugar y sin ninguna restricción. En al año que estuve al frente de la Dirección de Desarrollo Económico y en coordinación con la subdirección de comercio nos pronunciamos y fundamentamos una tercera opción: ni prohibición ni liberación total, sino un modelo de regulación. En otras palabras, no se trata de prohibir ni de permitir el comercio informal, sino de regularlo.

El modelo de regulación que propusimos tiene como base la elaboración de un reglamento del comercio informal en la ciudad. Para elaborar el borrador del documento revisamos decenas de reglamentos en el país, e inclusive la subdirectora de comercio tuvo conversaciones telefónicas con sus pares en otras ciudades para consultarles sobre sus experiencias. El documento que hicimos es un borrador que no tuvimos tiempo de concluir y, por ende, de presentar ante las comisiones respectivas del H. Cabildo; insisto, es un documento que requiere aún trabajo y una revisión a profundidad por abogados expertos en la materia, pero quizás se trata del proyecto de reglamento de comercio informal más avanzado en el país. Algunos de los elementos de la propuesta son los siguientes:

• Definición de las modalidades del comercio informal (fijo, semifijo, ambulante, temporal, etc.).

• Elaboración de padrones de comerciantes por zona, organización a la que están afiliados y productos que expenden.

• Prohibición del comercio informal en entradas de guarderías, clínicas, hospitales y centros de salud; en escuelas de todos los niveles; en estaciones de bomberos e instalaciones de Protección Civil; en templos religiosos; en zonas residenciales; en puentes peatonales, entre otros.

• Prohibición del comercio informal en el primer cuadro de la ciudad (criterios de delimitación que debe establecer el H. Cabildo).

• Prohibición de comerciantes informales frente y cerca de establecimientos formales del mismo ramo comercial.

• Prohibición de establecer puestos fijos, semifijos o ambulantes en los mercados y sitios púbicos municipales.

• Los permisos que otorgue la autoridad municipal darán prioridad a mujeres, madres solteras, personas de la tercera edad y personas discapacitadas, previo estudio socioeconómico.

• Los permisos que otorgue la autoridad municipal serán por dos años (máximo), tiempo en el que las y los comerciantes serán capacitados para formalizar su actividad a través de cooperativas y otras formas organizativas.

• Apoyo desde la autoridad municipal a la capacitación para el trabajo y la conclusión de sus estudios a los comerciantes informales, con prioridad a las mujeres.

• Respeto a las organizaciones de comerciantes informales.

• El pago será directamente a la autoridad municipal por metro cuadrado y mensualmente, de acuerdo al código hacendario vigente.

Asimismo, en el mismo documento se elaboró una propuesta para los tianguis: obligaciones, pagos, derechos, etc.

En mi gestión se avanzó para la regulación de este sector de la actividad económica municipal, pero no hubo tiempo para concluir el proceso iniciado el 1 de enero de 2018. Cabe señalar que la mayor parte de la información aquí descrita obra en poder del Presidente Municipal, salvo el borrador del reglamento que ya no hubo tiempo de presentar formalmente ante las autoridades correspondientes.

A mi parecer, el camino está trazado: ¿habrá la voluntad y la capacidad política para ejecutarlo? Usted tiene la mejor opinión.