Política

Carnestolendas

febrero 14, 2019

Se duelen los empresarios del puerto de Veracruz porque el gobierno del estado suspendió el subsidio ciego que se daba a los organizadores y que por sí mismo es muestra de la laxa discrecionalidad con la que el dinero público era manejado, porque no se exigía comprobación de su uso. La queja obedece no tanto a la suspensión del gasto, sino a que para otorgarlo el gobierno pide registro en qué se gastó, cosa que al parecer se niega el empresariado porque nunca se ha hecho así. La condición gubernamental es obligada por la sencilla razón de que es dinero público. No hay comprobación de gastos, no hay dinero público. El asunto no debería ser tema de discusión, lo es porque pareciera no ser aislado. Se suma a otra gestación de diferendo por el tema de las estancias infantiles en las que cambia radicalmente la forma de uso del subsidio. En lugar de ministrarse a los negocios, las estancias infantiles propiamente dichas, ahora se dará a las madres para que decidan dónde enviar a sus hijos para que reciban formación preescolar o lo usen como pago de ayuda a un familiar.

El cambio de régimen implica redefiniciones en la forma de hacer las cosas para maximizar los recursos públicos que son escasos. Especialmente debido a la improbidad de las últimas administraciones. Esto es necesario porque el país así como el estado han sido desvalijados. Depredados si se quiere.

Es natural que el público sufra un grado de desconcierto por el cambio en las reglas del juego. Es de esperarse.

Lo que no parece natural es el grado de coordinación para socavar las razones del cambio de reglas. No parecen espontáneas. No sería extraño que al tiempo los gobernados se enteren de que parte de los motivos del descontento ciudadano fueran alentados, o incluso inducidos, por intereses que han hecho del evento una fuente nada despreciable de obtención de recursos sin la monserga hacendaria de comprobar su uso y el criterio con que se usó.

Hay una diferencia abismal entre un evento como el Carnaval en Veracruz y, por ejemplo, la Cumbre Tajín, en la que los objetivos van bastante más allá que la mera promoción turística, que desde luego es importante pero que no es la única dimensión del evento.

Lo realmente importante es que la nueva burocracia decididora realmente se esmere en hacer que el dinero público sea utilizado correctamente y en su totalidad, no sólo en la atención de la crisis en la precipitación de los niveles de bienestar y calidad de vida, sino también en aquella parte intangible que da certeza en los objetivos comunes de una sociedad miscelánea, la identidad cultural de una sociedad multiétnica.