Política

Abyección

febrero 11, 2019

Como remate de una semana disfuncional en el Congreso veracruzano, el clero y parte del empresariado estatal hablaron con deliberada y dirigida sintonía. Empresarios aglutinados en el CCE reclaman al gobierno por la inseguridad al sur del estado. En efecto, existe un serio problema al respecto. Un problema crónico que se incuba y medra parasitario desde hace dos gobiernos, el de Javier Duarte y el de Yunes Linares. El actual gobierno no llega a 45 días en funciones. Las condiciones preexistentes de inseguridad parecen intencionalmente dirigidas a cargarse a una administración, la actual. Eso no abona a la claridad y a la necesaria redefinición de las relaciones e intercambios sociales. Abandona a la lógica de la competencia individualista promovida por los últimos gobiernos, y surtirlas por relaciones colaborativas para la consecución bienestar para todos.

Existe una circunstancia de emergencia por la inseguridad y violencia aleatoria al sur del estado, pero es peregrino suponer que pueda haber un cambio notorio en tan poco tiempo, específicamente por las condiciones en las que han dejado al estado. La Coparmex arriesga una aproximación más razonable en el sentido de encontrar el acuerdo social para terminar con las dinámicas inerciales viciosas que durante más de tres décadas han regido las relaciones sociales. El individualismo exacerbado. Coparmex puntualiza y corrige la plana al clero. Le dice que la corrupción no sólo es gubernamental, sino que es socialmente admitida.

Mal intencionada, la jerarquía católica lanza un comunicado con clara intención de desánimo, al decir que el ímpetu de la corrupción y el crimen no sólo no se atemperan, sino que enrarecen el ambiente. Es discutible, pero el clero sí que enrarece las probabilidades de entendimiento de las circunstancias cuando alude a funcionarios recomendados ineficientes, que no ayudan. La afirmación aporta nada al entendimiento y sí contribuye a propiciar la especulación cuando alude a funcionarios recomendados, pero calla los nombres. Sirve de nada, y socava justo en la capacidad organizativa que el clero reclama al gobierno.

La violencia actual no es característica del Estado, a menos que el comunicado hubiera querido referirse al estado de Veracruz, no al Estado mexicano. Debería el clero aclarar el punto, pero en cualquiera de los casos por los que optara, la afirmación continúa siendo falsa. La violencia caracteriza al régimen anterior, no al que llega con la intención manifiesta de componer el desgarriate.

Por cuestiones de elemental seriedad y responsabilidad frente a la sociedad veracruzana, es recomendable ser claros y fundamentados en la crítica si es que se quiere llegar a algún lado como actor religioso en la conducción y orientación sociales. Porque, visto hacia atrás, el clero nunca reclamó a los gobiernos del régimen pasado la hecatombe de muertes y desapariciones y, eso, no estuvo bien.