Política

Razones

febrero 10, 2019

En estos días accidentados por el cambio de régimen, de rediseños de las prioridades en políticas públicas, reconfiguraciones institucionales y exhibición de los rezagos acumulados en muchos años de gobiernos neoliberales, el tema que más atención capta de la opinión pública son las demandas de juicio de procedencia en contra de Jorge Winckler, abogado familiar, a quien el ex gobernador Yunes Linares dejó como fiscal general.

En los años recientes de violencia exacerbada, entre funcionarios cómplices de gobiernos cleptómanos y el deliberado abandono de la procuración de justicia, las violencias criminales y las del propio estado escalaron geométricas. Son públicos y conocidos los rezagos en la procuración de justicia. Asesinatos y desapariciones son la pesadilla endilgada a los gobernados veracruzanos desde que en 2006 Felipe Calderón metiera al país en la lógica de la guerra. Sólo estas dos variables son suficientes para abrumar a cualquier estructura de procuración de justicia. Parte importante del porqué los electores escogieron a Yunes Linares como gobernador fue que su oferta política era explícita en cuanto a resolver los problemas de justicia e inseguridad. El reclamo principal de la sociedad al fiscal Winckler es precisamente eso, que no solamente no cumplió, sino que en el camino se conflictuó precisa y específicamente con las organizaciones no gubernamentales que buscan desaparecidos. Para el gobierno al que pertenecía, la procuración de justicia era antes un instrumento de ejercicio de poder que el imperativo constitucional y razón de ser del Estado: ofrecer seguridad y asegurar justicia a los gobernados. Es una lógica completamente distinta.

Ahora, es dable suponer con bastante probabilidad de certeza, que el fiscal Winckler debe estar concentrado en defenderse en el juicio de procedencia, esto implica tiempo. ¿Quién hace entonces el trabajo del fiscal? Porque mientras se concentra en su defensa la procuración de justicia se difiere. Luego, su motivación no es el interés y el bienestar públicos, sino el interés político.

Los gobernados todos y las familias de los desaparecidos vuelven a ser victimizados al concentrarse el fiscal en su defensa, no en su trabajo.

Mientras, se desgrana de a poco, con rigidez y no pocos gazapos, la puesta en escena por las fracciones de los partidos y la calidad de los actores del regateo político. Ahora habrá que decidir si la motivación para verlos es la curiosidad o el morbo.