Política

De la amistad analógica a la amistad virtual (Instituto de Filosofía UV)

febrero 07, 2019

La amistad es un concepto metafísico que en la época de posmodernidad líquida en la que estamos insertos, caracterizada por el "todo es válido" y la validez es relativa, ha entrado, desde mi punto de vista, en un evidente proceso inflacionario. En la antigüedad la amistad, manifestada por la analogía o la semejanza entre las personas, fue muy venerada y muchos filósofos reflexionaron sobre ella. Desde Aristóteles, pasando por Cicerón y hasta nuestros días, el sentido de la amistad ha ido variando y transformándose a lo largo del tiempo.

Aristóteles consideraba que existían tres modos de amistad o philía: la amistad basada en la utilidad, la amistad accidental establecida en el placer y la amistad que él denominaba de "lo bueno" y que se fundamentaba en la virtud del bien y el desinterés. Para Epicuro el concepto de amistad no era un concepto espurio, como tampoco lo será para Cicerón, sino más bien representa una virtud que se reflejaba en un estilo de vida. Cicerón -autor del maravilloso tratado Laelio o de la amistad hace más de dos mil años- entendía la amistad como "el acuerdo de todas las cosas divinas y humanas con benevolencia y amor" y creía que, exceptuando la sabiduría, no había algo mejor que los dioses hubieran concedido al ser humano.

En la Edad Media se sigue considerando como una de las grandes virtudes humanas como se puede comprobar en numerosos tratados morales y composiciones épicas derivados del ideario cristiano. Con posterioridad, el siglo XVII nos ofrece un extraordinario ejemplo de amistad intemporal leal y verdadera a través de don Quijote y Sancho Panza; una amistad que debe ser vinculada con la virtud de la honra. La idea intemporal de amistad, pues, se sustenta en la incondicionalidad, más allá de los vaivenes de la vida y es un reflejo del alma. Y así lo demuestra Sancho al seguir a don Quijote en las buenas y las malas hasta la muerte del caballero de la Mancha, porque "amistades que son ciertas, nadie las puede turbar". Y, no por nada el dramaturgo latino Ennio había sentenciado mucho antes que, "el amigo cierto se ve en la cosa incierta".

La amistad como fenómeno social es irreversible, precisamente porque como dice Aristóteles el ser humano es un zoon politikon, es decir, un ser social que necesita relacionarse con otros seres de su especie. Sin embargo, en nuestra realidad actual, las nuevas tecnologías están matizando no solo el concepto tradicional de amistad y el modo de relacionarse de los seres humanos, sino también su esencia. Lo cual nos lleva a nuestro comienzo de cómo en nuestra época relativa y llena de relativizaciones, también la idea de amistad se ha relativizado.

Bien es cierto que el concepto de amistad hoy no es universal y tiene un carácter variable. Pero la volubilidad de las nuevas variantes que surgen no significa que la amistad clásica, esa que está sustentada en las relaciones de afecto, confianza y desinterés, haya desaparecido. Ahora bien, no es menos cierto que una parte de su significado se está modificando y es, en esta parte caracterizada por su fugacidad, donde los valores tradicionales de la amistad se difuminan. El uso de las redes sociales ha añadido al clásico sentido analógico de amistad otro diferente: el virtual.

El carácter virtual transforma necesariamente el significado del tradicional carácter analógico: hasta no hace mucho, un círculo de amistades íntimas se reducía a lo sumo cinco o diez personas con las que se interactuaba cotidianamente. El sentido de esta amistad de tipo analógico se relacionaba con vínculos estrechos y fraternales. Pues bien, desde la aparición de las nuevas tecnologías, internet y el impulso de las redes sociales, el deseo del cantautor brasileño Roberto Carlos de tener "un millón amigos y así más fuerte poder cantar" se ha hecho posible. De tal manera que, las redes sociales han ido elaborando diferentes modelos de la amistad y patrones de conducta de socialización. No es relevante ya la cercanía o la afinidad con el amigo, sino más bien el número de amigos que te siguen y te dan un "me gusta" en cualquier mensaje que escribes en una red social o fotografía que subes a ella.

Esto sin duda genera nuevas dinámicas de socialización en las que nuestras relaciones y la exposición pública de nuestra vida están sujetas a lo que se publica en las redes sociales; ellas nos permiten interactuar con cientos de personas todos los días, muchas de las cuales es posible que nunca hayamos visto en persona y, posiblemente, no veremos. Y, aunque no existe una verdad absoluta -y esto es absolutamente cierto- sin duda este es a para mí el quid de la cuestión de los amigos virtuales: con mucha dificultad se podrán crear vínculos de "amistad verdadera" sin una relación íntima directa, es decir, presencial. La ventura de nuestros tiempos nos muestra que ya no todos los caminos nos llevan a Roma, sino que nos enfilan hacia la virtualidad, por lo que ello nos obliga a redefinir o actualizar el concepto de amistad. Tendrá que ser así.

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