Política

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febrero 06, 2019

Empiezan a emerger los costos ocultos de la pantagruélica corrupción a la que se sometió al estado durante los últimos ocho años. Se suman desde luego a los costos de la corrupción sabidos desde un gobierno anterior. El Instituto de Vivienda Veracruzano ha sido vetado por la Federación para la obtención de recursos para financiar vivienda popular. No poca cosa, sugiere la grave profundidad y extensión del robo sistemático al que se sometió al estado durante los últimos gobiernos del régimen anterior. Es altamente probable que falten cosas por ver, aunque serán igualmente graves.

Hoy inicia el primer período extraordinario de sesiones de la diputación estatal veracruzana y habrá de decidir sobre el caso Winckler. Es de esperarse que se ventile el tema –junto con los otros rezagos y evidencias– de deliberada desatención que como fiscal impuesto ha dejado, especialmente el aspecto de la acumulación de desapariciones de personas, que hasta ahora ha sido casi masiva. Durante ocho años, dos de los cuales pertenecen a su cuenta personal de agravios a los gobernados veracruzanos. Los colectivos de búsqueda de personas desaparecidas ya han hecho públicos sus reclamos a la actuación de Jorge Winckler durante su tiempo en el cargo que, para los colectivos, no puede ser descrito más que como tóxico.

Los regímenes de violencia a escala industrial se inauguraron con un gobierno panista y fue continuado por el paradigma mexicano de la corrupción encarnada, Enrique Peña Nieto.

La magnitud del daño infringido al país durante los últimos doce de 30 años letales para el país, empieza a ventilarse. Y no sólo en términos de sangre. Tal es el caso del veto federal de créditos para desarrollos de vivienda popular.

El caso no está decidido por la cantidad de votos que se precisan para aprobar el desafuero, será interesante ver la naturaleza de los argumentos que lo acusan como los de defensa. De lo que no hay duda es que, como funcionario, Jorge Winckler es altamente deficitario. Su papel en la espiral de decadencia del estado es, por decir lo menos, protagónico