Política

LA HACIENDA DE MANGA DE CLAVO, POCOS SON LOS RESTOS QUE LLEGARÁN A LOS 500 AÑOS DE FUNDACIÓN DE VERACRUZ.

enero 30, 2019

Si bien es cierto que el municipio de Veracruz y sus alrededores poseen una enorme riqueza cultural y de biodiversidad, también lo es que la mayoría de los porteños desconocemos lo esencial de nuestro pasado histórico y ni que decir aquellos lugares pintorescos que tenemos a pocos kilómetros de la ciudad, llenos de colorido e historia. Corría el año de 2009, cuando correspondiendo a una visita de una bella amiga italiana, me dispuse a presumir nuestra riqueza cultural como San Juan de Ulúa, el baluarte Santiago y la Antigua. Siendo franco, las ocasiones que había visitado estos lugares las podía contar con los dedos de la mano derecha, en fin; aprovechando el viaje y mis ansias de "niño explorador" me propuse constatar si efectivamente en la comunidad de Vargas existía el Pozo de Santa Anna y los restos de la histórica y controvertida Hacienda de Manga de Clavo.

Algo de ha escrito acerca de la famosa hacienda de Antonio López de Santa Anna: Manga de Clavo, la casa de campo y refugio del ex presidente mexicano.

Confundida, hasta la fecha, con otras haciendas como Paso de Varas en Puente Nacional o con el Lencero, la hacienda de Manga de Clavo estuvo ubicaba en las inmediaciones de lo que actualmente es la comunidad de Vargas en el municipio de Veracruz.

A 25 Kilómetros de la ciudad de Veracruz, la comunidad de Vargas o Vargas "a secas" es un pintoresco pueblito "con crepúsculos arrebolados" que guarda un penoso secreto. Pasando las vías del ferrocarril a unos doscientos metros se encuentran los restos de lo que alguna vez fuera la importante hacienda de Antonio López de Santa Anna. Hoy sólo quedan las restos de los que fueran los cimientos de piedra de rio, un pozo (el pozo de Santa Anna) y los comentarios parcos de algunos lugareños de edad avanzada, quienes recuerdan las "cuarterías" que existían y que debieron pertenecer a la Hacienda, sin embargo la comunidad calla cuando hay que hablar sobre quién o porque despedazaron los restos para construir no sólo la escuela o la iglesia sino propiedades particulares.

Con tristeza pude constatar, que los restos que Roberto Williams García observó en 1967 ya no existe, incluso unas fotos del investigador John Todd de apenas algunos años aún muestran una especie de estructura antigua, que igualmente hoy está desaparecida. Sólo el pozo se ha salvado, porque al parecer aún sacan agua de él.

Es una pena que la ignorancia y la indolencia por nuestra historia terminen con sitios como éste en donde se gestaron importantes acuerdos para el país, independientemente de los visitantes famosos como Ángel Calderón de la Barca y su esposa Frances Erskin. Por dicha dama conocemos hoy las características de la Hacienda, que estaba pasando el poblado de Santa Fe a tres horas del puerto, que no estaba sobre el camino real sino metido varias leguas y que de acuerdo a lo que le dijo Santa Anna la Hacienda tenía una extensión de doce leguas. (48 km)

La visita tuvo lugar en diciembre de 1839, de acuerdo a algunos investigadores Santa Anna adquirió Manga de Clavo al casarse en 1825, siendo hasta 1842 que adquirió la Hacienda del Encero en Xalapa a donde se fue a vivir con su segunda esposa Dolores Tosta en 1844 al mes de haber fallecido su primer consorte.

Tal vez, por el respeto a su segunda esposa la Hacienda de Manga de Clavo pasó a segundo término. Respecto al final de la hacienda sabemos por el propio Santa Anna que la misma fue quemada en 1847 por las tropas americanas, por este dato se deduce que la misma permaneció abandonada hasta que cambio de dueños, siendo aparentemente el último el señor Francisco Vargas, por lo que de ahí el cambio de nombre actual.

De acuerdo a Roberto Williams aún en 1912 existían mapas que señalaban la estación de ferrocarril de Manga de Clavo posterior a la de Santa Fe.

El penoso secreto es descubierto, penoso porque una comunidad amparada en la ignorancia ha saqueado y destrozado los restos de una finca histórica aparentemente en provecho propio, y digo aparentemente porque con este acto se han negado la oportunidad de generar otra clase de recursos provenientes del turismo cultural, como está ocurriendo en Puente Nacional y en Puente Nacional.

Aún recuerdo con cariño aquella visita, con mis disertaciones y con mi pena, mi invitada comprendido que no solo visitábamos un "pinche pozo", tal vez esperaba un espectáculo de luz y sonido o de otra clase, que por cierto estuvo a punto de darnos un sujeto alcohólico con cara de pocos amigos que me pedía cinco pesos por dejarme tomar las fotografías o de plano me "picaba". En fin, para mi todo esto es más complejo, como parte de nuestra historia siento que es mi deber manifestarlo, sin allanarme, con virulencia exponerlo al mundo, porque si me quedo callado no dudo que dentro de cien años los restos del Palacio Municipal o de San Juan de Ulúa sean utilizados pavimentar una calle.