Política

Reconfiguración

enero 07, 2019

En efecto, el campo fue abandonado durante 30 años. Mismas décadas en que neoliberalismo reconfiguró para mal al país y su encaje institucional. En el sentido estricto, los gobernantes neoliberales no sólo abandonaron el campo sino la fábrica nacional completa. México importa la mayor parte de su ingesta –por encima del 70 por ciento–, y la mayor parte de lo que consume. Hasta la gasolina.

Los nuevos funcionarios parecen estar apercibidos del detalle. Los detalles del proceso de desmantelamiento del país y del Estado de bienestar que se construyó a partir de la Revolución hasta la década de los 80 en que, después del abrupto lópezportillista de nacionalizar la banca, Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional impusieron a Miguel de la Madrid como el tecnócrata de transición para imponer con Salinas la reconfiguración neoliberal.

Para ilustrar el desastre, sólo en los seis años entre 2009 y 2015, la población rural del país se redujo en 5 millones de personas. Es natural que eso suceda si nos detenemos a considerar que la casi totalidad de la población rural del país, el 98 por ciento, no pueden adquirir la canasta alimentaria básica.

Esto explica la dramática reducción de población que labora el campo en la nación, la malhadada combinación de falta de oportunidades que alienta migración hacia la frontera norte en natural búsqueda de mejores ingresos, malos precios de garantía para la producción y, lo más grave, la presencia del crimen organizado que obliga al campesino a rentarles sus tierras. La situación es dramática: 40 por ciento de los 28.4 millones de campesinos son menores de edad, y en algunos casos son cooptados por las organizaciones criminales.

De los 45 rubros que requieren apoyos para su desarrollo en el agro, 31 de ellos dejaron de recibirlos en 2017, no sólo en lo tocante a investigación, sino la comercialización, productividad, inversión, salud, y apoyo a las mujeres.

Dicho de otro modo, en los estertores del régimen sus inadvertidos tomadores de decisiones siguieron en la misma lógica de desmantelamiento. Existen unas 600 empresas transnacionales de producción alimentaria que aprovechan suelo y aguas mexicanas sin costo, e imponen, además, modelos de uso del suelo y consumo abiertamente depredadores.

Es posible revertir el daño, pero se requerirá del empeño de todos para regresar al Estado mexicano a sus mejores años como Estado de bienestar.