Política

Saldos

enero 06, 2019

Con indiscutible razón, los empresarios demandan a la actual administración el pago de los rezagos gubernamentales que arrastran como pasivo, algunos desde la nefanda administración de Javier Duarte. Lo mismo hicieron con el ex gobernador Yunes Linares, quien llanamente desatendió del todo al sector empresarial, especialmente a quienes habían dado crédito a su antecesor. Es decir, a todos. Dijo revisaría la validez de los reclamos y –frente al paso del tiempo– el empresariado tomó el edificio de gobierno como protesta. Fueron desalojados. El gobierno no pagó. La anunciada revisión resultó mera táctica dilatoria para vencerlos por cansancio. Es una de las razones del completo estancamiento económico del estado. Yunes pagó con la reprobable moneda del desconocimiento el explícito compromiso empresarial de apoyarlo en su campaña por la gubernatura, en julio del año pasado.

Apoyo que era esperable dada la tendencia general del empresariado a votar por candidatos conservadores capaces, como gobierno, de contener el descontento provocado por políticas y decisiones públicas que catapultaron la polarización del ingreso en unas cuantas manos que, por lo demás, no incluían en absoluto a la media de los empresarios nacionales. Se favoreció a los más ricos, a los amigos, y a los capitales corporativos trasnacionales.

Canaco estatal da un plazo de seis meses al gobierno para que empiece a liquidar adeudos. Está por verse si el gobierno tendrá la habilidad administrativa y los recursos suficientes para empezar a liquidar adeudos y reactivar con eso la economía. Hay, sin embargo, razones para el optimismo por la completa reorientación de las políticas públicas para, precisamente, volver a echar a andar la fábrica nacional.

Parece correcto el reclamo de que la revisión de las cuentas por cobrar sea ágil, es natural que se tema a la tradicional y gubernamental discrecionalidad para liquidar adeudos. 34 años de neoliberalismo a rajatabla no pasan en vano.