Política

Claridad, cortedades

enero 03, 2019

Las expectativas sobre los gobiernos federal y estatal son vastísimas. Lo suficiente como para que parte del respetable alentado indirectamente por intereses en campaña de siembra de dudas, exija a sendos gobiernos resultados inmediatos o cuestione severamente las inercias heredadas atribuyéndoselas como responsabilidad.

Parte mayoritaria de los electores que votaron por ellos no son necesariamente afines ideológicamente, al contrario, incluso. Groso modo, son electores hastiados de la bacanal de corrupción y sangre de los gobiernos habidos en tres largas décadas de reconfiguraciones del modelo del Estado Mexicano. Son ciudadanos críticos con diversos grados de acceso a la información. Lo mismo pasa con la amplitud de la información­­.

De un universo de electores así, los gobiernos no tienen por qué esperar especial tolerancia. Esto debiera ser considerado a la hora de informar sobre decisiones. Hay decisiones sobre temas especialmente sensibles por delicados y añejos. La violencia misógina es un ejemplo. En un estado donde los feminicidios son asunto añejo e impune, se procesa poco y mal la noticia de reducciones presupuestales para alertas de género.

Se dice que habrá una lógica distinta en el uso del dinero público que evite dispendios, así se han esmerado ambos gobiernos en plantearlo, pero eso no es tema que el ciudadano tenga forma de estar cierto a priori, fuera de la confianza por simpatía. Luego, los gobiernos debieran poner especial cuidado en desagregar y justificar sus decisiones ejecutivas. La transparencia debiera ser grado gobierno abierto, o punto menos.

Sobre esta base, además, están los rezagos de justicia; que es el caso de Regina Martínez y Moisés Sánchez y Rubén Espinoza, más una larga cadena de asesinatos de periodistas en transcurso de ocho años.