Política

¿Migrantes o refugiados? … Los usos del imperio/ I

diciembre 02, 2018

La visibilización del proceso de migración centroamericana hacia los EU, intensificada desde los años 80 del siglo pasado, alcanzó su expresión crítica para los mexicanos y testigos veracruzanos en tiempos muy recientes. Día con día las notas televisivas, la prensa, la radio y las redes sociales nos presentan "recortes" de los desplazamientos masivos que se vienen registrando desde inicios del 2000 y que ahora, convertidos en noticia extrema y expuestos al ejercicio de los juegos del lenguaje –sobre todo filmados y editados–, nos ponen en riesgo de ser atrapados y seducidos por interpretaciones que van desde el racismo y la exclusión más recalcitrante hasta la filantropía más sospechosa. Es en este sentido que se justifica la necesidad de detenerse a mirar, pensar y actualizar las interpretaciones sobre los acontecimientos que hoy se nos presentan.

Ya desde el 2006 iniciamos una investigación de campo y reflexión crítica sobre LOS TRÁFICOS y su conceptualización como expresión contemporánea y dominante en el contexto de las relaciones sociales y económicas, orientadas a la consolidación del capitalismo global. Sin duda, las migraciones destacaron en el campo de mi análisis dado que en el proceso me llevaron a colaborar con el Ciesas Golfo en la elaboración de un diagnóstico rápido sobre las rutas del VIH-Sida en zonas indígenas fronterizas de México. Mi estancia en el sureste mexicano me permitió –con el valioso apoyo del grupo BETA instalado en Tenosique, Tabasco– compartir y testimoniar relatos de hondureños cuyo acceso de entrada al país los llevaba a la comunidad indígena de San Francisco para llegar a Tenosique y de ahí abordar La Bestia que los pondría en camino hacia el norte del país.

Desde este lugar, entonces, las preguntas sobre el desplazamiento intenso de grupos numerosos de hondureños vino a lugar: ¿migrantes o refugiados?; ¿migrantes refugiados? y desde ahí llegué a la conclusión temporal de que se trata de "migrantes refugiados" en su mayoría, sin que esto excluya la posibilidad de que en el camino se suban otro tipo de intereses que los definan.

Hoy esta pregunta retorna, sobre todo, porque los medios (todos) acuden a una aparente presentación de situaciones editadas (y por lo tanto dirigidas a…), que soportan una estrategia de exposición de escenas organizadas para desatar interpretaciones múltiples, distantes de referentes conceptuales construidos más allá del sentir y la emoción que produce la imagen y, por supuesto, los comentarios casi siempre sesgados del conocimiento a profundidad del hecho.

La ausencia de referentes y el silencio de los expertos en ciencias sociales (sociología, antropología e historia) y filosofía convocan a explorar, desde la teoría crítica, argumentos y conceptos derivados o sustentados en teorizaciones sobre el mundo y la realidad contemporánea, nociones que den cuenta de los alcances y desenvolvimiento de la globalización, de la globalización terrestre (Sloterdijk 2005), del capitalismo global (Zizek 2016), incluyendo al mismo Wallerstein (1974). Tomamos este punto de partida como una provocación para quienes aún se sostienen en la "naturaleza tranquilizante de lo mediocre".

Si uno se detiene un poco, se habrá dado cuenta que la edición de las escenas presentadas sobre hondureños y algunos otros centroamericanos en tránsito, insisten en nombrarlos insistentemente como migrantes –concepto por demás restringido a la mera descripción fundada en teorías neoclásicas sobre los movimientos demográficos–, cosa sin duda conveniente para los intereses trumpeanos, en tanto que nos distancia y aísla de las interpretaciones económico-geopolíticas críticas y del reconocimiento de las condiciones de violencia social existentes en Honduras, todo ello como expresión sostenida de la instalación y expansión del capitalismo global en Centroamérica. Al aceptar sin conceder que se trata de sujetos migrantes, arriesgados, movilizados desde el deseo de mejores condiciones de vida (acceso al sueño americano), la atención se desvía como para no ir hacia la búsqueda de las causas del desplazamiento.

Este hecho no responde a la mera ignorancia o la ingenuidad de los medios y sus actores, por supuesto que mantener el concepto de sujeto migrante a distancia del sujeto "refugiado" o incluso "desplazado", simplifica y evade las responsabilidades en la toma de decisiones acerca de la política nacional e internacional sobre la situación, y el trato que reciben y viven en su lugar de origen estos "migrantes refugiados". Igualmente, permite espacios de ambigüedad como para que los poderes norteamericanos intenten asignar responsabilidades a México (en este caso) en el ejercicio de soluciones –más o menos violentas– a estos desplazamientos masivos mal llamados "caravanas".

Zizek, al reflexionar sobre los movimientos de "migrantes refugiados" en Europa, provenientes de África y el Medio Oriente, propone tomar como referente el proceso de globalización del capitalismo contemporáneo, reconocer sus entramados y su retorcimiento –ahora expresado muy de cerca para nosotros con los desplazados instalados mayoritariamente en Tijuana–. Se trata de guardar distancia del pensar los acontecimientos de tránsito y deseo de centroamericanos con los argumentos mismos del capitalismo global –desde los cuales interpreta los "desechos" que produce como un plus de los mercados que supuestamente promueve–. Para Zizek predominan dos polos que ontológicamente representan lo mismo, pero que de alguna manera se han instalado como referentes de la globalización terrestre: el neoliberalismo anglosajón y el capitalismo autoritario con ‘‘valores asiáticos’’. Es entre estos límites que América Latina, incluyendo a México, tendría que repensarse y deslindarse de lo que ocurre para orientar sus propias políticas, entre otras su posición ante el desplazamiento de masas centroamericanas –particularmente hondureñas–, que si bien ahora nos indica un acmé crítico, sus causas y formas de expresión tendrían que llevarnos a reconocer en Honduras las formas como el capitalismo global se ha instalado y despliega.

Cuando el padre Solalinde considera que tras las migraciones centroamericanas que estamos presenciando existe un entramado trumpiano, da una primera pista de lo que parece estar sucediendo no sólo en Honduras, también en Guatemala, El Salvador, Belice, Costa Rica, Nicaragua y Panamá. Tratemos de darle algo más de sentido a su aparentemente ingenua versión sobre la aplicación de "técnicas de rumorología", para sostener la afirmación de que se trata de la expresión del capitalismo global en Centroamérica. Exploremos lo que ha ocurrido en Honduras para sostener que se trata de un acontecimiento de desplazados-refugiados, más allá de teorías que sostienen la presencia de una migración voluntaria.