Política

La república restaurada

diciembre 02, 2018

Los desafíos son enormes, la decisión de las nuevas autoridades del Ejecutivo federal es no distraer energía ni recursos en perseguir a corruptos. Es una decisión controversial que desde luego está en el centro de la discusión pública. Son muchos los que argumentan que por la devastación en la que han dejado al país y la acumulación de agravios, la sociedad debe ser satisfecha en su reclamo de castigo para los corruptos.

El presidente constitucional López Obrador sostiene que no tiene intención de perseguir a nadie, saca al Ejecutivo de esa intención, pero eso no significa que el Poder Judicial no cumpla con su tarea de castigar lo que ya se investiga y tiene documentado. Un matiz sustantivo en esta recomposición de las reglas del juego, de las instituciones.

Están por verse aún los derroteros específicos por donde transitarán los pormenores de la transformación. La cuarta, sí, pero la primera que –todo lo indica– no será la mera imposición de la facción vencedora, como ha sido históricamente desde la consumación de la Independencia, sino que será con la participación y el consenso de los gobernados. Lo que significa que el país está hoy en su primer día de transformación pacífica y consensuada de su historia.

Las diferencias son muchas y significativas: la riqueza y el bienestar están patológicamente concentrados en pocas manos y los números de la pobreza son demenciales, pero en los últimos días, aún como presidente electo, se delinearon decisiones a instrumentarse de inmediato, desde ayer mismo incluso, encaminadas a corregir casi 40 años de aberraciones económicas, sociales y políticas como el Fobaproa, por mencionar sólo un ejemplo.

El convencimiento de los gobernados y de los nuevos gobernantes es convergente: las cosas deben cambiar, volver a la racionalidad del Estado de bienestar que se construyó en el país desde los años 30 hasta los 70 del siglo pasado. Esto implica redefinir no solo los preceptos de la orientación económica, sino las relaciones del poder con la sociedad y, lo que es aún más importante, las relaciones de la sociedad con el poder.

Desde el primer minuto del 1º de diciembre los procesos iniciaron saturados de símbolos. En Veracruz, el nuevo gobierno asume sus responsabilidades desde el primer minuto de este día. En lo federal, los contenidos fueron desde el arreglo de la banda presidencial en el orden de los colores, hasta el uso del coche personal del presidente para transportarse.

La entonación misma del himno nacional apeló ayer a significados distintos y propició emociones casi olvidadas. La palabra patria, natal o adoptiva, recupera su significado.

Esto, no tanto por la esperanza que despierta la expectativa del cambio de régimen de gobierno, como por la conciencia implacable de que lo que realmente implica es un cambio en la sociedad que habrá de redefinir las relaciones de poder.

Una síntesis del sentimiento lo plasmaron poéticos con su plegaria los pueblos originales y afroamericanos al otorgar el bastón de mando al presidente. Y sí, sincréticos como somos, ayer se concentraron dos símbolos del país que somos en una misma persona, la banda presidencial republicana con el bastón de mando de los pueblos originales y el afromexicano.

Los problemas son enormes, magníficos, tanto para el país como para el estado. Nada será posible sin la sociedad participativa. La democracia dejará de ser una aspiración permanentemente dilatada, para construirse en el ejercicio diario del debate sustentado en la trasparencia de la información. De haber desviaciones, la sociedad estará atenta. Cancelada la pifia costosa reforma educativa, volverá la educación a los parámetros históricos del artículo tercero constitucional.

Recordando a Cosío Villegas: la república restaurada.