Política

Histórica oportunidad

diciembre 01, 2018

Miguel Ángel Yunes Linares desaprovechó la histórica oportunidad que tuvo en las manos para sentar las bases de la alternancia política en el gobierno estatal. Extraviado por sus apetitos monárquicos, sed de venganza e infinita y desmedida ambición, sin querer creó las condiciones y cedió la oportunidad al morenista Cuitláhuac García Jiménez para que éste logre, ahora sí, concretar un proceso de transición democrática, anclado en el proyecto nacional que encabeza Andrés Manuel López Obrador.

No es tarea fácil la que tiene enfrente el primer militante de izquierda que despachará en Xalapa. La gestión yunista sólo se ocupó de administrar los conflictos y grandes rezagos dejados por los últimos gobiernos priístas, en tanto ganaba tiempo para consolidar la candidatura de su hijo al gobierno; la solución a la grave crisis financiera y de seguridad sólo fue postergada con la confianza que tenía el panista de ganar una carísima elección cuyo verdadero costo económico y jurídico se reflejará en el análisis de la Cuenta Pública 2018.

Por lo pronto, Yunes Linares deja un estado empobrecido, sobreendeudado, en crisis de seguridad, con fuertes compromisos financieros que las menguadas arcas estatales no podrán solventar si el gobierno federal no hace algo extraordinario para contener el proceso negativo que amenaza la estabilidad y la convivencia de los veracruzanos.

Aunado a lo anterior, el reto que significa gobernar una entidad como la veracruzana, con casi 8 millones de habitantes, un entorno geográfico dotado de grandes recursos naturales pero mayores rezagos sociales y una lacerante pobreza extrema en la que se encuentra más de la mitad de la población, se ha llevado en medio y puesto en entredicho la capacidad de quienes ocuparon el Poder Ejecutivo.

Incluso, los gobernantes priístas históricos que no tenían mayores problemas de oposición política en la etapa del partido hegemónico y la inseguridad no habían alcanzado los niveles actuales de violencia y descontrol, pagaron el alto costo político y personal que significa administrar Veracruz.

Los tres últimos gobernantes, dos priístas y un panista, terminaron de consolidar la tragedia veracruzana, agudizada en todos los órdenes durante el gobierno de Javier Duarte y exponenciada durante el fallido experimento transmonárquico de la familia Yunes.

Así pues, a Cuitláhuac y su grupo gobernante corresponderá ir más allá y responder a la enorme expectativa creada tras la asunción de la izquierda al poder. La historia política de Veracruz deberá pasar de la simulación de la alternancia a la consolidación de una transición política en todos los órdenes de la vida del estado.

Hace falta.