Política

Karma

noviembre 29, 2018

Amparado en una lógica lineal cercana a la chabacanería, Guillermo Moreno Chazzarini, titular de la Secretaría de Finanzas y Planeación, dice que el pago de los aguinaldos no le corresponde a la actual administración toda vez que se pagan en la segunda quincena de enero y la primera de diciembre, tiempos del gobierno siguiente.

A ver, los aguinaldos corresponden a lo devengado en el año que termina y están presupuestados en la partida correspondiente a salarios burocráticos. Se presupuestaron en 2017 para pagar los sueldos de la burocracia en 2018. Eso incluye los aguinaldos, aunque sean pagados al año siguiente.

Los aguinaldos no son en absoluto una graciosa concesión gubernamental a sus trabajadores, son derechos laborales adquiridos que se presupuestan precisamente en la partida de los salarios.

Si el gobierno actual amenaza con no pagarlos puede deberse a que, efectivamente, no tiene el dinero para pagarlos, lo que significaría que lo desvió o se lo embolsó; o que lo hace por joder. Si es el primer caso ya rendirá cuentas; si es el segundo es un caso clínico de mala leche. ¿Cuál es la necesidad de poner a parir chayotes a los trabajadores gubernamentales al inducir una incertidumbre que en algo les amargará las fechas? ¿Amarrar navajas entre los trabajadores del estado y el gobierno entrantes? ¿O es el simple y llano propósito de entorpecer y minar en lo posible a los que llegan?

Si es esto, que no es descabellado, la amenaza es para Ripley. Una amenaza que exhibe en esplendor la magnificencia de la mala sangre, de las ganas de molestar.

Habría que deslindar si es una suerte de bullying fanfarrón; un pésimo procesamiento de la frustración; o la malhadada combinación de ambas con algunas gotas adicionales de rencor pobremente contenido.

Cualquiera que sea el caso, de lo que sí puede estarse cierto es que el gobernador Yunes Linares no la está pasando bien.