Política

Rifársela por el país: una conversación con el escritor Paco Ignacio Taibo II

noviembre 23, 2018

En una de las salas de la Casa Museo de Xalapa (Muxa); una casa típica de la época colonial, de finales del siglo XVIII, en la que se cuenta la historia de la ciudad y se exhiben objetos de nostalgia y memorabilia. Justo en la sala en la que se recrea la disposición de una cocina tradicional de Xalapa, Paco está sentado a la mesa, conversa con dos funcionarios municipales que celebran con amplias sonrisas cada una de sus opiniones e impiden que pueda hablarle. Sin embargo, la ocasión se da cuando Taibo saca un cigarro del bolsillo de su camisa y se acerca al quicio de la puerta de la "cocina" que se abre frente al jardín.

Nuestra conversación comienza y la trascripción de ésta, líneas a continuación, da cuenta, brevemente, de evocaciones de su infancia, de su padre y sus primeras lecturas. También de su compromiso social y sus divergencias con figuras tutelares de la cultura de nuestro país.

Lino Monanegi: Este año se cumplen 60 años de tu llegada y el arribo de tu familia a México…

Paco Ignacio Taibo II: Así es, fue en noviembre de 1958.

LM.- Siempre he querido preguntarte sobre cómo construiste tu identidad tras la migración familiar, cómo te hiciste mexicano. Porque si algo no se te puede regatear es tu mexicanidad, prontamente te asumiste como mexicano; corrijo, eres mexicano en un porcentaje considerable.

PIT II.- ¡Sí, señor! Creo que la identidad nacional la vas pidiendo y vas adquiriendo derechos. La primera vez que un granadero me tiró un putazo que casi me descalabra y me abrió un agujero en la ceja, ese día gané cinco por ciento de ser mexicano. Si te la rifas por un país tienes ya derecho adquirido.

LM.- ¿Viene de padre rifársela por tu país?

PIT II.- Mi padre lo tuvo muy claro. Cuando llegamos a México yo tenía nueve años y me dijo: "Vamos a ser mexicanos", y le respondí: "Ya vas jefe, cómo se hace eso". Y me dijo "tú sabrás". Mi padre era muy inteligente. Sabía que había roto, totalmente, con la España franquista y que el futuro era ser mexicano. Quién sabe cómo, pero él se mexicanizó de una manera brutal en muy poco tiempo.

LM.- Platícame de tu infancia. ¿Fuiste un niño enfermizo?

PIT II.- Sí fui un niño enfermizo pero feliz.

LM.- ¿La enfermedad en la infancia y la vida intelectual familiar te acercaron a los libros?

PIT II.- Sí, tanto que me inventaba enfermedades pa’que me dejaran más horas leyendo en lugar de mandarme a la escuela. Yo me devoré lo que se conocía como literatura juvenil en mi época, de los cinco a los nueve años y me leí todos. Me leí completo Salgari, Fenimore Cooper, Mark Twain, Corazón diario de un niño –échatelo–, menos Mujercitas y Hombrecitos, porque sus títulos me daban mucho pinche asco, entonces no le entré; me leí también a Dumas, Julio Verne, otra vez Salgari, completo, Los Pardaillan, 20 novelas de capa y espada –agárrate, güey–: El conde de Montecristo; además, estos autores y libros me educaron políticamente, por ejemplo, El conde de Montecristo me enseñó que existe el derecho a la venganza, ya luego Pancho Villa me lo confirmó.

LM.- En la literatura y la historia se legitima ese derecho a la venganza. A sus personajes se les concede hacer justicia a través de ella, pero fuera de los libros la realidad es otra. ¿De qué lado estás cuando se presenta la oportunidad de optar por la venganza?

PIT II.- Del lado de los jodidos que quieren revancha. Una vez medio discutí con López Obrador en un acto público porque yo dije "Se aproximan horas de venganza" e inmediatamente Andrés me dijo: "No, Paco, se aproximan horas de justicia". Entonces yo volteé y le dije al público "Bueno, justicia, pero también venganza". (Se ríe al recordarlo y dice con humor): Casi me mata Andrés; es que él es más políticamente correcto que yo.

Pero lo que yo decía, en el fondo, muy literariamente, muy metafóricamente, era: "Agravio que ha quedado tiene que ser reparado". ¿Quién secuestró a mi hija y la tiró en un basurero? ¿Con permiso de qué autoridades, con complacencia de qué jefes de la policía y de qué gobernador? La herida hay que cerrarla y la única manera pa’ cerrarla es esta forma de la venganza que es la justicia y esperemos que no tenga que ser justicia popular desatada, porque se comenten muchas arbitrariedades, sino que sea justicia, porque el agravio está ahí. ¿Quién despidió a 25 mil ferrocarrileros? –carajo–. ¿Quién sacó de la vida laboral a 8 mil trabajadores de Mexicana de Aviación para hacer un fraude monumental? Esas cosas no se valen, ésas son heridas abiertas.

LM.- El 21 de mayo de 2012, ante cientos de personas reunidas en Tlatelolco, en la Plaza de las Tres Culturas, sobre el templete y sujetando temblorosamente el micrófono por la emoción, dijiste, en uno de los discursos políticos más emotivos de lo que va en el siglo XXI: "Convocados por los fantasmas de la historia, los del movimiento del 68, los de los estudiantes magonistas que salieron a retar a la dictadura porfiriana, los de las cabalgatas de Pancho Villa y Emiliano Zapata entrando a tomar esta ciudad y destruyendo el porfirismo, la dictadura de Huerta, estamos con ellos tomados de la mano..." ¿Esta vez son los fantasmas de la historia los que nos invocan, no nosotros a ellos; los que invocan el despertar de la conciencia nacional para romper el maleficio del mal gobierno?

PIT II.- Sonó bien, cuando lo dije sonó bien. Ojalá, suspira, ojalá. No sólo eso, la historia nos convoca a la hora nacional del inicio de un proceso de devolver la justicia. ¡No puede ser, los niveles de agravio! ¡De abuso! Ustedes los veracruzanos son punteros, tienen récord en haber sufrido los peores gobiernos de este país durante muchísimos años, lastrados por el abuso, la corrupción, el doble lenguaje, la violencia, la irracionalidad, el despojo, la rapiña… ¡ya rebélense! Apelen a lo mejor de su historia.

LM.- Es indubitable, la historia es necesaria para construir nuestro presente. Tú lo has dicho muchas veces: recontar la historia es obligatorio y también despojar a sus personajes de oropeles, humanizarlos; contar de ellos el mito, la pequeña anécdota, el chisme. Hablemos sobre ello.

PIT II.- Hay una relación compleja entre los ciudadanos y la historia. Está construida sobre la identidad, es decir, ¿de qué voy a traer una camiseta, de Barbie o de Kalimán? Hay una pinche decisión teórica ahí. Si, además, Kalimán trae en su camisa blanca un retrato del coronel Millán, que fue el que le partió la madre a los franceses en Camarón, va mejorando altamente; y si en la mano izquierda tiene un ejemplar de la Constitución del 57, está mejorando Kalimán. Luego, si le ponemos en el pinche turbante una estrella de cinco puntas, roja, ¡‘uta! Pinche Kalimán, va agarrando vuelo. Este elemento de identidad simbólica es un juego en el que vivimos todos los días.

Cuando se construye sobre la base del pasado no demasiado remoto; eso constituye una especie de "de ahí venimos", que nos ennoblece y nos pone de buen humor. Voy a ver si hoy bordo sobre esto. Quería dar una conferencia sobre Veracruz y los movimientos sociales, pero no, voy a hablar sobre esto otro, sobre la historia.

LM.- Me llama la atención lo que dices sobre la construcción de la identidad simbólica. A la hora de elegir a tus personajes biografiados, ¿estás construyendo tu mito, también? ¿Tu identidad simbólica?

PIT II.- A fuerza. Me veo a los 68 años con fama. Mi mito se compone de famas muy raras, por ejemplo, la de que puedo estar en dos lados al mismo tiempo. Hay gente que jura que me ha visto en dos sitios al mismo tiempo, lo cual es imposible, porque si me hubieran visto en dos lados al mismo tiempo, ellos también tendrían que haber estado en dos lugares al mismo tiempo, ¿verdad? La otra fama es que soy tan irreverente y tan malhablado que no puedo formar parte de ninguna administración progresista de ningún gobierno de ninguna parte del país. La otra es que nadie sabrá por dónde voy a salir. Saben por dónde entro, pero no saben por dónde salgo. La tercera es que escribo lo que me da la gana y no rindo cultos ni pleitesías a la sociedad de "la cultura con K". Así voy construyendo mi propio mito, y es divertido.

A mí, mis lectores me paran en la calle y no me llaman "don Francisco" o "señor Taibo". Mis lectores me dicen "Oye, Paco". Creo que me he ganado el que me hable de tú alguien que pasó horas de su vida leyéndome. No espero que me hable de tú Enrique Krauze, ése tiene que hablarme de usted, y no le voy a contestar. Pero el que te encuentras en la calle es plebe, es de los nuestros.

LM.- Acabas de mencionar "la cultura con K", eso me da oportunidad de preguntarte si crees que la cultura en México está secuestrada.

PIT II.- Hay un intento por secuestrarla, pero siempre les falla. Son muy brutos, son muy alfombra roja, chingá. Las alfombras rojas valen pa’ pura madre.

LM.- ¿Tus santones intelectuales son Rodolfo Walsh o Roque Dalton? ¿En México quiénes son?

PIT II.- Desde luego. En México, Guillermo Prieto, todos los días. Vicente Riva Palacio mañana, tarde y noche. Ricardo Flores Magón, cuando escribía cuentitos horribles, pero muy chingones de contenido.

LM.- ¿Algún día habrá un espacio en ese altar para Octavio Paz?

PIT II.- ¿Quién?

LM.-¿Para Carlos Monsiváis?

PIT II.- No, Carlos sí. Carlos era a toda madre, era de los nuestros, de a pie. Marché decenas de veces con él por las calles.

LM.- ¿El escritor no debe sustraerse de la realidad política, social?

PIT II.- A ver. En las mañanas escribes, en las tardes también, ¿pero eres ciudadano en las mañanas y en las tardes? La respuesta es sí. Entonces, yo no diría "el escritor", yo diría "el ciudadano".

LM.- Sin duda, el creador no deja de ser ciudadano.

PIT II.- Tenemos obligaciones con la sociedad en la que vivimos, seamos escritores o albañiles. Si, además, tienes un oficio y ese oficio te permite transmitir ideología, información, etcétera, pues úsalo; pero no renuncio a escribir poemas intimistas de amor, y no renuncio a que otros colegas los escriban, los impriman y nos den placer con ellos.

LM.- Tú has dicho que la revolución tiene como gasolina las palabras. ¿La construcción, entonces, depende también de generar una identidad, de educar al pueblo, alfabetizar a la ciudadanía, acercarlos a la lectura y de desarrollar su pensamiento crítico?

PIT II.- Sí. ¡Pues tú me tienes más leído que yo, hombre! Quieres que borde sobre el bordado, como decía Mao Tse Tung...

LM.- ¿Puedo preguntarte sobre el papel del universitario en la construcción de este cambio?

PIT II.- Si el país te regaló un título universitario porque estudiaste en universidades públicas subvencionadas, tienes una obligación de devolverle al país lo que te ha dado.

LM.- ¿Sigues creyendo en la necesidad de juntar a los universitarios con los obreros y sus sindicatos?

PIT II.- No, sigo creyendo que, si un universitario no sabe trabajar con obreros, va a estar creando en soledad, tanta, que no va a poder crear nada. Pregúntate cuál es el ingeniero que puede volver a leer a Brecht, ¿cuál es el ingeniero que puede trabajar sin peones en la obra? Yo diría: tenemos que aprender a trabajar con la gente, no contra la gente.

LM.- No se parece la realidad teórica del aula a la vida fuera de ella. ¿La realidad se impone siempre?

PIT II.- Pues debería.

LM.- ¿La realidad en México?

PIT II.- Ésa te la contesto pasado mañana, porque hay preguntas fáciles y preguntas muy complicadas...