Política

Dos años de regresión

noviembre 07, 2018

A semanas de su extinción, el primer gobierno no priísta de Veracruz se desdibuja entre promesas incumplidas, expectativas frustradas y en la incómoda similitud con la administración que lo precedió. La del impresentable y aún protegido por el régimen vigente, Javier Duarte.

La ciudadanía organizada, específicamente el Colectivo por La Paz Xalapa, expone la realidad de un gobierno que finge y ralentiza el quehacer en uno de los aspectos más sensibles de la muy lastimada sociedad veracruzana. Una sociedad secuestrada por la perversa confluencia de la inseguridad con la extrema incompetencia gubernamental.

Al caño con las promesas de cambio, honestidad y castigo para quienes desde el poder lastimaron a la sociedad. Ni cambio ni honestidad, y el castigo no pasó de ser una puesta en escena para enmascarar apenas una revancha con fines específicos de desagravio personal. En realidad, gobernar y adelantar en algo en la solución de la crítica complejidad de Veracruz quedó como mera fantasía, promesa de campaña en el mejor de los casos.

Lo cierto es que desde el inicio esta administración se abocó a apuntalar un proyecto de continuidad familiar fincado en el primogénito del gobernador. En la distorsión, incluso, de una mera alternancia electoral.

No hay porqué extrañarse. Nadie en el sistema de complicidades que suplió al sistema político tiene los atributos para gobernar a secas, con honestidad medianamente aceptable, que es ya mucho conceder. La apropiación patrimonialista de la renta y bienes públicos es un hábito que se convirtió en regla del juego, pero la administración panista lo llevó al extremo de la pretensión hereditaria. Ionesco y el absurdo difícilmente lo hubieran pergeñado.

Lo sustantivo, los desaparecidos, la deuda gubernamental con los proveedores de bienes y servicios al gobierno, fue desdeñado sin suavizantes. En seco. Especialmente el inmenso saldo de desaparecidos. Las denuncias contra el abogado personal y familiar del gobernador son rotundas. De 70 casos denunciados formalmente en la Fiscalía, resolvieron uno. Un eficiencia terminal de 1.42 por ciento.

Hay en esto algo mucho más grave que la mera incompetencia. Sugiere que la administración completa estaba abocada en otra agenda, la sucesoria, no en la de gobernar. Mientras, los jóvenes siguieron desapareciendo, las mujeres siguieron siendo asesinadas, la violencia criminal no disminuyó, sólo la hicieron menos ostentosa mediáticamente.

El fracaso gubernamental de la administración panista de la alternancia explica sobradamente el tamaño de su derrota electoral. Son equivalentes.