Política

Patologías

octubre 30, 2018

En no pocas ocasiones La Jornada Veracruz ha afirmado que la sociedad veracruzana vive empantanada en la misoginia. De otra forma no se explican hechos como el que 91 por ciento de los embarazos reportados hayan sido entre niñas y adolescentes. Los especialistas dicen que urge atender a ese sector de la población. Desde luego, pero lo que es imperativo es reeducar y redefinir los reflejos de una sociedad intrínsecamente violenta contra las mujeres que, además, lo niega y desconoce.

Por eso es especialmente relevante que estudiantes de la Universidad Veracruzana hayan denunciado el acoso y hostigamiento sexual que padecen frente a los docentes y por el que fueron amenazadas con demandas legales y presionadas para ofrecer una disculpa pública bajo la amenaza del procedimiento legal contra ellas.

Las autoridades universitarias pueden ofenderse por la intromisión de denuncias expuestas públicamente en las instalaciones de la UV luego de una marcha para exponer la situación. Lo que difícilmente pueden hacer es negar la muy alta probabilidad de que las denuncias tengan bases reales. Primero, porque no es algo nuevo; luego, porque es muy claro que la veracruzana es una sociedad patológicamente misógina.

De otra manera no se entiende el número de mujeres asesinadas en el estado por el simple hecho de ser mujeres. Pese a que el gobernador Yunes Linares y el arzobispo Hipólito Reyes se esmeren en minimizar las evidencias o culpar a las mujeres de su propia desgracia por hacer uso de sus libertades. El razonamiento clerical no tiene desperdicio, equivalente a la reciente declaración de un jerarca clerical que afirmó que los sacerdotes pederastas lo son porque fueron víctimas del acoso e insinuaciones de los niños.

Es claro que hay interpretaciones diversas de los mismos hechos, pero no puede negarse que hay muy amplias bases de razón para pensar que las denuncias de hostigamiento tienen una base de verdad que no puede pasarse por alto. Esto, es claro, no es asunto exclusivo del campus universitario; por el contrario, trasciende a la sociedad toda en formas diversas de misoginia. La peor, los feminicidios, que no son pocos.

El problema no es circunstancial: es sistémico. Deriva en buena medida de la enseñanza que la sociedad da en casa y la escuela a los infantes, del estímulo a los comportamientos y valoraciones degradantes hacia las mujeres y de la desatención pública y gubernamental a un problema que define en muy buena medida la sanidad de la sociedad.