Política

Y al final, la simulación

octubre 17, 2018

En no pocas ocasiones este espacio editorial ha sostenido que el régimen de gobierno vigente es el subproducto de un muy amplio pacto de impunidad establecido entre las élites económicas, gubernamentales y burocrático-partidarias para apropiarse de la renta y bienes públicos y, en el proceso, enajenarlas a inversores nacionales o extranjeros en contra del interés nacional.

La impunidad extraterritorial del ex gobernador de Chihuahua es sólo una de las pruebas, la otra es la benigna sentencia que endilgaron al ex gobernador veracruzano Javier Duarte, por aludir a las más frescas.

El actual gobierno veracruzano llegó al poder montado en el discurso de la anticorrupción e intentó legitimarse y convocar en su entorno con el encarcelamiento de buena parte de los ex colaboradores de Javier Duarte. Ha sido un par de años de tonos ríspidos, beligerantes y terminales en contra del gobierno anterior.

Lo curioso es que, a pregunta expresa de La Jornada Veracruz, sobre la existencia de algún proceso de inhabilitación del ex gobernador, el contralor general del estado dijo no estar enterado. De lo que podría deducirse que no, no había forma de que no lo supiera toda vez que su tarea es precisamente supervisar el ejercicio gubernamental del dinero público. El resto de la cáfila de ex funcionarios que colaboraron con el ex gobernador en la comisión de delitos viven tranquilos sin procesos en su contra.

Tiene, sin embargo, la peregrina esperanza de que antes de que termine la administración federal, esto es, en menos de 45 días, se puedan determinar las responsabilidades de los involucrados.

Con lo dicho por el contralor del estado hay motivos suficientes para barruntar que la alharaca en torno a la corrupción del gobierno anterior ha sido una puesta en escena que no tendrá mayores consecuencias, excepto los aprisionamientos light recetados al ex gobernador y varios de sus ex colaboradores.

Los personeros del régimen pueden venir en distintas presentaciones y envoltorios ideológicos, pero todos pertenecen al mismo pacto que suple desde hace años al sistema político.

De ahí el imperativo de cambiar de régimen y desmantelar el pacto de impunidad que, de permanecer con cierto grado de articulación, se dedicará sin duda alguna a torpedear y contra organizar cambio. No es poca cosa si nos atenemos al poder económico de tales personajes.