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octubre 15, 2018

La cabeza de la Iglesia Católica veracruzana, el arzobispo Hipólito Reyes Larios, dijo ayer que se "vive una cultura de mucha muerte" pero que en Veracruz esto es acentuado porque se reportan asesinatos de sacerdotes, secuestros, destrozos de cadáveres y feminicidios. Es una generalización que banaliza la gravedad del problema. En principio llama la atención que el arzobispo mencione primero los sacerdotes, al último los feminicidios y que a los periodistas no los mencione.

Se entiende que el clero católico esté inquieto porque este sexenio federal ha sido un tiempo malo para el sacerdocio católico en el país. En lo que va del sexenio han muerto violentamente 24 sacerdotes. En 2017 fueron victimados cuatro y hasta abril de este año habían sido muertos cinco más. En septiembre del año pasado en el sur del estado fueron muertos dos sacerdotes.

Durante el nefando gobierno anterior fueron muertos 17 periodistas. Todos los casos permanecen impunes, incluyendo el de Regina Martínez, si nos atenemos a la inverosimilitud de la culpabilidad de quien encarcelaron por tal crimen.

Pero, y esto es… en Veracruz, entre el año 2000 y el 2015 fueron asesinadas mil 214 mujeres y niñas.

Vamos, que además de la explosión de violencia letal que vive el país desde el 2006 y que en Veracruz pareciera haberse ensañado, las mujeres en Veracruz han sido especialmente castigadas. Recientemente el gobernador Yunes Linares expresó la desafortunada idea de que el número de feminicidios en el estado no era tan alto como para provocar preocupación. Es claro que no, al arzobispo Larios, por ejemplo, le preocupan primero la casi decena de sacerdotes asesinados que las miles de mujeres ultimadas y violentadas que menciona sólo al último de sus motivos de preocupación.

Lo que no es poco; tiene que ver con la definición misógina de la sociedad patriarcal veracruzana. Pero mucho más concreto que eso, tiene que ver con la completa ausencia de políticas públicas que por un lado atajen el problema y por el otro redefinan a fondo los contenidos y valores de la enseñanza. Cuando el arzobispo generaliza en tal magnitud, más que aludir a un problema para solucionarlo, lo trivializa y desorienta sobre la naturaleza del verdadero problema de la violencia.