Política

Estado sin ética

octubre 07, 2018

El jueves pasado las mujeres, los familiares y amigos de víctimas de secuestro y asesinatos de mujeres se manifestaron en Veracruz. Se acumula aún más la exigencia de justicia porque desde hace años el estado exhibe un rezago que raya en la responsabilidad penal de las autoridades por su completa ineficacia para resolver los feminicidios habidos y prevenir nuevos. Hay dos alertas de género vigentes y hace menos de una semana dos mujeres fueron halladas sin vida luego de haber sido reportadas como desaparecidas. A eso obedeció que se tomaran las calles, para hacer aún más visible lo que es evidente, que Veracruz es un estado donde la violencia contra las mujeres es sistémica. Se conculcan derechos reproductivos, laborales y familiares y los gobernantes lo avalan activamente o por omisión. Existen dos declaraciones de alerta por violencia de género que han sido literalmente letra muerta. Tal vez por eso la propia directora del Instituto Veracruzano de la Mujer dice que una tercera alerta de género es innecesaria, que lo que debe hacerse es cumplir cabalmente con las dos anteriores.

La aportación difícilmente podría ser más dramática en un estado de comportamientos institucionales y sociales claramente misóginos porque significa que tanto funcionarios públicos como el entramado institucional son objetiva y deliberadamente indiferentes tanto a las observaciones como a las decenas feminicidios y desapariciones cometidos en el estado que siguen son resolver.

La Fiscalía General del Estado (FGE) tiene una responsabilidad directa en la tragedia y frente a los familiares de las víctimas. Es claro que las mujeres asesinadas por cientos no forman parte de sus prioridades, como sí lo hace la persecución de funcionarios de la muy corrupta administración pasada. Una suerte de lavar cara, porque las diferencias entre ambas administraciones han sido accesorias, no de fondo.

Sin embargo, el que las autoridades sean omisas o misóginas, o ambas, no releva a la sociedad de las reconecciones que tiene que hacer sobre sí misma. Algo similar si se quiere a lo sucedido el primero de julio pasado.

La sociedad tiene que entender y aceptar que las mujeres corren riesgo en el estado porque existen las actitudes y los comportamientos institucionales que lo permiten e incluso lo alientan. Si las instituciones son omisas, indiferentes o permisivas con esta situación es responsabilidad de la sociedad cambiar las instituciones, y dado que ésas o son otra cosa más que reglas del juego, la sociedad debe cambiar su entendimiento del los derechos de las mujeres.