Política

Un final de escándalo y tormentoso

octubre 05, 2018

A estas alturas de su gestión, con un cierre administrativo abrupto y confrontado con las próximas autoridades, al gobernador Miguel Ángel Yunes Linares lo que menos le importa es culminar su minigobierno de una manera eficiente, honesta y transparente. De ahí que en esas últimas semanas, el panista se haya posicionado en un virtual estado de guerra contra todo lo que huela a oposición-morenismo, dilatando hasta el último minuto tanto la información institucional pertinente para la futura administración, como el momento para iniciar un proceso de entrega-recepción que se barrunta resultará inédito y potencialmente escandaloso por un presumible nivel de corrupción.

Ya en el Informe General Ejecutivo de la Fiscalización Superior de la Cuenta Pública 2017, aparecieron elementos de lo que se hará público a partir del año entrante y que dan cuenta de que en efecto, el yunismo transitó por la misma ruta corrupta y simuladora que el duartismo. Como ejemplo el informe refiere que 762.5 mdp del Fondo Bancario de Bienes Recuperados (Fobire) habrían sido aplicados en los sectores de Salud, Obras Públicas y Seguridad Pública, y según registros contables oficiales una parte de éstos fueron aplicados, sin embargo, no están claros.

Otro caso sustantivo para entender el oscuro proceso de contratación de nueva deuda pública realizado por Yunes Linares es el hecho de que 6 mil 747.9 mdp por anticipos de Tesorería a corto plazo-retenciones del Fideicomiso para Mantenimiento de la Deuda, tienen preocupados a los analistas financieros porque sus registros contables están sujetos a seguimiento en 2018 para obtener suficiencia documental que permita fincar responsabilidades. En ese mismo rubro, hay 8 mil 869 mdp de deuda pública que tienen falta de seguimiento y soporte documental de saldos reclasificados a Cuentas de Orden. De ahí se entiende el evidente retraso del gobernador en funciones para iniciar de manera políticamente correcta el proceso de entrega de su administración.

De hecho, desde el momento mismo en que su hijo perdió la elección, Yunes Linares cambió diametralmente su discurso. De aquel optimismo esperanzador en el que a mediados de mayo y con la campaña gubernamental a toda velocidad, sostenía que entregaría unas finanzas públicas sanas y dejaría en arcas a la administración entrante unos 20 mil millones de pesos para saldar los compromisos de fin de año, que su gestión alcanzó logros históricos y que en Veracruz continuaría transitando por "su" ruta de prosperidad y honestidad, ya no queda nada.

Apenas semanas atrás reculó el mandatario saliente y sostuvo que no dejará un sólo peso para el gobierno de Cuitláhuac García, por lo que le recomendó buscara apoyo o endeudara aún más al estado. Ese infantilismo político que ha menudeado en la toma de decisiones de Yunes Linares –fácil de percibir en sus momentos de dificultades y cuando las condiciones le son adversas, abandonando a sus socios y traicionando supuestos principios entereza política– estará sentando las bases para la continuidad histórica de una crisis económica que ha arrojado al pródigo y abundante Veracruz a los últimos sitios del país en términos de pobreza, desigualdad, inseguridad y estancamiento.