Política

Las luchas, las inflexiones, las resistencias, medio siglo… la luz

octubre 03, 2018

Hay cosas que marcan la historia de los pueblos y los marcan específicamente por generación.

El 68 fue mucho más que la primavera de París, o la de la Universidad de Columbia. Ese año, entre el escalamiento de la Guerra de Vietnam, el descubrimiento un año antes por parte de estudiantes de los lazos entre la Universidad de Columbia y el aparato institucional que apoyaba y promovía un mayor involucramiento de Estados Unidos en la Segunda Guerra de Indochina (como la llamó el maestro referencial y corresponsal de guerra Wilfred Burchet); la discriminación y las luchas por los derechos de las minorías negras que impactaría incluso en la olimpiada mexicana cuando tres atletas norteamericanos de raza negra ganadores de los tres primeros lugares en una carrera de atletismo, justo después de recibir sendas medallas y en pleno himno levantaron el puño izquierdo envuelto en un guante negro, símbolo de la lucha de Las Panteras Negras, resistentes radicalizados; la segregación de los estudiantes negros excluidos de los gimnasios universitarios haría converger varios movimientos universitarios en el mundo en un común denominador: la protesta contra un estado de cosas autoritario, sofocante y muy peligroso.

Un par de meses después, entre mayo y junio, grupos estudiantiles de izquierda se rebelarían contra el sistema, contra la sociedad de consumo y sus desgarres sociales. A estos se sumaron grupos de obreros industriales, sindicatos identificados con el comunismo y la convergencia guió hacia la huelga general más grande de la historia de Francia, que ya había conocido varias desde el siglo XIX. De París, pasó a la República Federal Alemana, y a varios otros países europeos y latinoamericanos.

Era la inflexión. En julio, una pelea entre escuelas vocacionales y una preparatoria privada dio motivo el vigésimo día de ese mes para que la policía del Distrito Federal golpeara y detuviera estudiantes. Se encendió la mecha anti autoritaria y los estudiantes respondieron. Más represión, más organización, Consejo Nacional de Huelga, negociaciones con el gobierno, provocaciones que las reventaban, Marcha del Silencio, diálogo, boicot. Paranoia gubernamental, la sucesión presidencial, oportunismo, manipulaciones múltiples, mentiras, miedo, las olimpiadas en puerta, la Revolución Cubana, el Che muerto un año antes en Bolivia, la construcción de un héroe ideal que terminaría impreso en camisetas con la foto icónica tomada por el cubano Raúl Corrales.

En las calles del Distrito Federal la fiesta de la libertad, "únete pueblo" y se unía, la represión, la bazuca rotunda e intolerante contra la puerta añeja de la Preparatoria Uno. La locura, la barbarie de un gobierno con miedo. La manipulación siempre ante la suma inmensa de voluntades. El miedo, la conspiración, la cita en Tlatelolco para volver a llamar al diálogo. La bengala, la muerte. El Estado criminal y eficaz que ocultaría todo y lograría lavar la memoria refractaria de un sociedad casi infantil por inocente. Las olimpiadas.

Luego, la explosión de los movimientos armados. Algunos, preexistentes como el Partido de los Pobres en Guerrero, luego Chiapas y el Movimiento Armado Revolucionario; Oaxaca, Tamaulipas, Veracruz. La memoria del sacrificio de Arturo Gámiz en el asalto al Cuartel Madera en Chihuahua, en 1965. Los setenta, Echeverría el gran manipulador, la guerra sucia, La Dirección Federal de Seguridad, Nassar Haro, Gutiérrez Barrios, los interrogatorios. La derrota. Todo eso para empujar una larga serie de reformas políticas iniciadas a mediados de los setenta por López Portillo insuflado por Jesús Reyes Heroles, la LOPPE.

Cincuenta años para concretar, por fin, un cambio de régimen.