Política

Simbiosis

octubre 02, 2018

Si entendemos el sentido práctico de la vida como el más apegado a la realidad, un mínimo de sentido práctico es suficiente para fundamentar nuestro pesimismo. Ahí, por ejemplo, la condena al ex gobernador Javier Duarte que lo libra –por lo pronto– de ser llamado a cuentas por la tragedia humanitaria que vivieron los veracruzanos y quienes iban de paso por el territorio en su gobierno. Tragedia que durante la actual administración sigue impertérrita con el mismo impulso.

No es el único aspecto similar entre ambas administraciones. También lo es la singular forma de manejar el dinero público.

El informe de fiscalización de la cuenta pública correspondiente al primer año de gobierno de esta administración reporta un posible daño patrimonial por la friolera de 338 millones de pesos. Esto independientemente de las sospechas por inconsistencias en el manejo de más de 250 millones de pesos.

Por lo menos cuatro dependencias de gobierno señaladas en la nota de la página 3 no presentaron correctamente dictámenes como lo exige la normatividad, además de mantener artificialmente la deuda del estado. No sorprende que entre esas cuatro dependencias estén la Secretaría de Desarrollo Social y la Secretaría de Infraestructura y Obra Pública, de sabida fama pública a nivel estatal y federal.

Sólo para el primer año de la presente administración se adeudan casi 7 mil millones de pesos por concepto de anticipaciones.

El asunto de las anticipaciones puede explicarse por la completa quiebra del estado, luego de la calamitosa administración de benignamente tratado es gobernador Javier Duarte; lo que no se explica de acuerdo con el Orfis, es que aquellas cuatro dependencias no hayan presentado con el rigor requerido los dictámenes de procedencia por lo que la incómoda sombra de la sospecha se amplía.

Al final del día y en vísperas de concretar el cambio de régimen mandatado abrumadoramente por el respetable, vuelve a comprobarse que la diferencia entre élites gobernantes de distinta nomenclatura es ninguna; ambas, PRI y PAN, comparten modos y pertenecen al mismo sistema de complicidades. No es en absoluto casual que tanto la SIOP como Sedesol hayan sido manejados por Julen Rementería e Indira Rosales, respectivamente.