Política

La locura

octubre 01, 2018

En días recientes lo gobernados veracruzanos hubieron de tragar gordo para procesar la falsa condena del ex gobernador Javier Duarte, quien tiene la mayor responsabilidad del estado calamitoso en el que se encuentra la entidad. El gobierno federal no pudo dar la misma protección que da al otro Duarte, el ex gobernador de Chihuahua huido a Estados Unidos y por el que el gobierno de Peña Nieto hace nada para lograr su extradición.

El gobernador aceptó en un juicio abreviado la culpabilidad por asociación delictuosa y operaciones con recursos de procedencia ilícita. Le impusieron una pena bajo los rangos mínimos de la ley.

El ex gobernador cuenta con la protección del sistema de complicidades que reemplazó al sistema político y que ha sido vigente por más de 40 años. Fue, además, juzgado por los delitos más benignos porque deliberadamente el sistema se ha negado a investigar con seriedad la tragedia de las desapariciones masivas en Veracruz; no sólo de migrantes, sino de los defensores de los recursos naturales y públicos. Por número de asesinatos, secuestros y desapariciones por el que no lo juzgan ni le exigen dar cuentas.

Una puesta en escena destinada específicamente al engaño y el control de daños. Gravísimo. El ex gobernador, junto con Peña Nieto y la mayor parte de las figuras públicas que hoy son gobierno o pertenecen destacadamente al sistema de complicidades han saqueado al país al punto del desmantelamiento. Literalmente. Es eso lo que hace posible la contundencia de los absurdos macabros, como los tracto camiones convertidos en morgues ambulantes.

La muerte campea, sea en operativos cruentos, en acciones criminales de escarmiento… o como depósitos de cadáveres rodantes. La casi imposibilidad de que los familiares de desaparecidos encuentren a sus víctimas no sólo se debe a las fosas clandestinas del crimen que, en perspectiva, es un mal subordinado a la condición de fracaso de Estado Mexicano.

Basta la sospecha de que una persona desaparecida haya pertenecido a la delincuencia para que las autoridades decidan no buscarlo, amparados en el argumento de que son muchos los desaparecidos de bien pero que tampoco buscan. Y no lo hacen por varias razones, la primera es porque les tiene sin cuidado, las segunda y la tercera son porque no saben y porque no tienen ni soca idea por dónde empezar, porque el Estado está desmantelado, es un Estado fallido, puesto en ésta crisis por las personas que lo han gobernado los últimos 12 años.

No hay justicia, para que la haya hay que volver a fundar las instituciones y eso no será en los meses que quedan. Pero habrán de rendir cuentas, aunque se vayan.