Política

La música no es un lujo

septiembre 24, 2018

Los humanos nacemos predispuestos hacia la música, recibamos o no una educación musical, en algún momento de la vida nos sentimos atraídos por ella. El ritmo es un elemento presente en los ciclos de la naturaleza, todo ser vivo posee su propio ritmo, es un elemento vital y un vehículo excelente para la sincronización y coordinación cognitivo corporal. De tal forma, la música debería ser un elemento fundamental dentro de una educación equilibrada, puesto que no existe otra actividad que vincule tantas partes del cerebro, incluyendo lenguaje y motricidad. Podemos entender que la música es más que una serie de sonidos estructurados, su significación se ha vinculado a lo largo de la historia con fenómenos sociales, valores estéticos, morales, funciones religiosas y educativas, como parte sustantiva dentro de la cultura.

En las últimas dos décadas se ha presentado un gran interés en estudiar los aspectos neurobiológicos vinculados con la música, las investigaciones en neurociencias se han dirigido al análisis de los procesos de la cognición musical como parte fundamental del desarrollo humano. En principio es necesario mencionar que en la evolución del hombre, el nexo entre pensamiento, lenguaje y mano ha sido correlativo en el desarrollo de habilidades cognitivas. El lenguaje implica una doble dinámica, un evento externo es simbolizado mediante una palabra o signo donde encajan las representaciones del mundo externo con las representaciones cognitivas internas, para articular el pensamiento. En realidad tenemos muchas clases de lenguajes, cada uno basado en un sistema formal de códigos y símbolos mediante los cuales representamos un mundo. La música se estructura sobre un sistema sonoro organizado de manera jerárquica, el Sistema Tonal, en el "lenguaje musical" la barrera del significado no existe, pero sí la capacidad de elaborar frases musicales estructuradas que impactan de manera directa sobre la cognición. De tal forma, escuchar música no es sencillo, exige un esfuerzo conformativo-reconformativo, sustentado en un proceso cognitivo de articulación de signos en un sistema preestablecido, que transforma el fenómeno acústico en un acontecimiento musical, mismo que inicia con la percepción auditiva y culmina con las funciones asociativas en el neocortex.

El sistema musical funciona sobre dos ejes, el eje de simultaneidad que permite relaciones verticales entre los sonidos, llamados acordes, y el eje de sucesiones de sonidos o melodías, su estructura articula varias voces simultaneas generando un discurso multidimensional que el cerebro decodifica. Esto produce una dialéctica sonora que estriba en el desajuste de las repeticiones generando una expectativa de audición, un movimiento musical estructurado sobre el ritmo, la melodía y la armonía que estimulan diversas partes de la corteza cerebral, generando dimensiones auditivas y perceptivas, que desarrollan, consecuentemente, la creatividad, la atención y la memoria.

Por otra parte, la relación mano y el cerebro se redefinió de manera conjunta ante las exigencias de una nueva manera de vivir. Cuando el hombre se volvió bípedo las extremidades superiores se liberaron de soportar el peso y la vida en sociedad requirió de nuevas habilidades de articulación cognitiva motriz. Aprender a tocar un instrumento requiere la coordinación de habilidades motoras relacionadas con estímulos auditivos y desarrollo tactosomatosensorial, este proceso aumenta la coordinación entre los dos hemisferios cerebrales desarrollando en el cuerpo calloso la banda de fibras que conectan ambos hemisferios, así como el aumento del córtex auditivo y motor correspondiente a la mano y los dedos.

Partiendo de la premisa de que el cerebro humano funciona como un sistema multinivel, ejecutando millones de sinapsis cada día, se ha considerado que el estudio de la música es fundamental dentro de la educación, ya que desarrolla estructuras auditivas y motoras extendidas, amplía los circuitos neuronales, la plasticidad cerebral, y el pensamiento lógico y creativo. Por todo lo anterior, concluimos: la música no es un lujo.