Política

De la esperanza, al fracaso y la desilusión

septiembre 14, 2018

Resulta sumamente peligroso para la estabilidad social y política del estado la crisis de seguridad y escasa transparencia en el uso de los recursos públicos que esta agudizándose en el último tramo del gobierno del panista Miguel Ángel Yunes.

Si bien desde la gestión anterior se precipitó el derrumbe moral y político de las instituciones estatales ocasionado por la obscena corrupción e impunidad en la administración de Javier Duarte –en la actualidad con todo el cambio de partido y élite gobernante avalado por el bono democrático que recibió el gobernante saliente– dicho proceso mantuvo la espiral de caída y consecuente pérdida de credibilidad ciudadana para con sus gobernantes.

La falta de cumplimiento a las promesas hechas en campaña y el incremento en los casos de delitos de alto impacto como los secuestros o los homicidios, aunado a la opacidad en el manejo del erario constituye un riesgoso escenario que en nada contribuirá a que la futura administración estatal se encuentre en condiciones de mejorar en el corto plazo, las actuales circunstancias.

El de Yunes Linares ha sido pues, un gobierno con escasa gobernabilidad pues en conjunto con organismos, poderes y sujetos políticos nunca fue capaz de establecer relaciones de colaboración para que el gobierno puediera satisfacer demandas sociales y económicas, precisamente por hallarse en una situación de cambio político en la que por el contrario, actúo sectariamente al arremetir contra empresarios, organismos ciudadanos, opositores y medios de información. Esta visión particular acrecentó la brecha entre sociedad y gobierno y favoreció la profundización de la crisis económica y de seguridad por la que atraviesa el estado de Veracruz.

Hay que decir también que el resurgimiento de los conflictos como el resultado de un creciente volumen de demandas que rebasan la capacidad gubernamental y luego institucional, no es un hecho aislado o atribuible exclusivamente al gobierno yunista pues como se dijo, proviene de la acumulación durante años del ejercicio abusivo del poder con fines patrimonialistas.

Sin embargo, y dada la expectativa de cambio, con la alternancia partidista, Veracruz acudía esperanzado a la posibilidad de un golpe de timón en el quehacer público; no obstante, la desilusión –que se tradujó en la votación en contra del yunismo como expresión política del primero de julio– fue mayúscula particularmente con la reciente descalificación que el gobernante ha hecho a la labor de la ONG de búsqueda de desaparecidos, Solecito.

Yunes Linares cometió otro error costoso para la estabilidad política cuando antepuso sus intereses familiares y de grupo a los de la sociedad, con el intento de heredar el cargo gubernamental a su hijo y a la hiperconcentación del manejo del estado en las manos de un gobernador que pudiera ser recordado como el peor fracaso y desilusión en la historia política veracruzana.