Política

Moratoria en los bueyes del compadre

septiembre 13, 2018

El gobernador Yunes Linares ha decidido declararse en moratoria. No con las instituciones bancarias sobre las deudas que dejó su antecesor, sino con los proveedores de gobierno, en su mayoría empresas veracruzanas de bienes y servicios, medianas y pequeñas.

Si hiciera lo mismo con los bancos su problema sería mayúsculo y de consecuencias imprevisibles para él y para el estado, por el simple hecho de alterar unilateralmente las reglas del juego institucionales acordadas.

Un amparo federal declaró inconstitucional la revisión de las deudas, cosa que en efecto pareciera prudente toda vez la capacidad probada de simulación y engaño del gobierno anterior. Pero la decisión no pagarlas es un desplante adicional de autoritarismo ante la incapacidad de discernir entre dudas reales y simuladas. Discernimiento que haría cualquier gobierno institucionalmente serio ocupado por la estancada economía del estado.

Dice el gobernador que el juez no lo obliga a pagar nada, que es una forma muy libre e interesada de interpretar la sentencia del juez. En todo caso, según el dicho del gobernador, lo anticonstitucional es revisar las deudas en el entendido de que está institucionalmente obligado a pagarlas.

Mientras esto sucede, la violencia concretada en la evidencia de los muchos campos de exterminio del estado sigue estallando en la cara del gobernador y del fiscal Winckler, sin que ninguno de los dos pueda hacer otra cosa que sorprenderse y emproblemarse con los gobernados, como es el caso con el referencial colectivo Solecito, quienes junto con Las Patronas se plantan de cara al poder para callar bocas con la mera efectividad de su actuar público.

Cáusticas y lapidarias, rotundas, las mujeres de Solecito le recuerdan la inefectividad probada de su gobierno con la tragedia humanitaria de Veracruz.

En este estado misógino de gobiernos misóginos, las cosas adquieren visibilidad pública y salen de la deseada discreción en las que los gobiernos quieren mantenerlas por la venturosa necedad de mujeres que han decidido plantar cara. Sin ellas, sin Solecito, sin Las Patronas, las cosas serían bastante peor.

Es tiempo de que la sociedad las acuerde y se sume a las denuncias y las protestas.